Milei, la reforma laboral y el “punto culminante”
Análisis Milei, la reforma laboral y el “punto culminante”
Cuando Mauricio Macri logró aprobar la reforma previsional en diciembre de 2017 puede decirse que su ofensiva tocó el “punto culminante”: ganó una votación y comenzó a perder el país. La reforma se sancionó en la madrugada del 18 de diciembre, mientras afuera (en la Plaza del Congreso) la calle comenzaba a dictar otra sentencia, con una movilización masiva, represión y una escena que se volvió postal de época: el Estado empujando una ley a las apuradas a fuerza de gases, y la noche devolviendo, como un eco, cacerolazos en distintos barrios.
En la teoría militar clásica —especialmente en Clausewitz—, el “punto culminante” es ese umbral, casi siempre invisible para los triunfalistas incorregibles, en el que una ofensiva deja de producir ventaja neta y empieza a consumir más fuerza de la que genera. La victoria, por decirlo en términos duros, comienza a costar más de lo que rinde: se estiran las líneas, crece la fricción, se multiplica la necesidad de “asegurar” lo conquistado, se erosiona el ánimo propio, y el adversario —aunque esté a la defensiva— encuentra condiciones para recomponerse y concentrar golpes. Clausewitz lo piensa como un pivote o una línea roja: si el atacante la sobrepasa, el éxito corre riesgo de transformarse en sobreextensión —o sobregiro— y abre la puerta a un posible cambio de relación de fuerzas.
En la teoría militar clásica, el “punto culminante” es ese umbral, casi siempre invisible para los triunfalistas incorregibles, en el que una ofensiva deja de producir ventaja neta y empieza a consumir más fuerza de la que genera
Eso le pasó a Macri con una claridad que, vista a la distancia, duele por lo obvio: el Gobierno ganó una reforma central con un costo político descomunal, en un clima social que ya no era el de la esperanza sino el del malestar y la resistencia. Luego vino 2018 con su cascada violenta de crisis —económica, social y de autoridad— y 2019 con la derrota que terminó de consumar —con tiempos electorales— lo que aquella madrugada ya insinuaba: el triunfo fue pírrico, porque reorganizó al campo opositor, dañó legitimidad, encendió conflictividad y dejó al oficialismo más solo de lo que creía. Si no lo hubieran sostenido los opositores, sobre todo el peronismo político y sindical que militó la política de la espera (electoral), Macri podría haber terminado peor. Quizá despachado en helicóptero golpeando las puertas del cielo.
No se puede trasladar mecánicamente aquella experiencia a la situación actual porque la historia nunca se repite, aunque a veces rima. Pero hay rimas que no son casualidad: son música de fondo de una sociedad que, cuando se la fuerza a aceptar lo inaceptable, responde con ese mecanismo tan argentino (antiguo y moderno) de la desobediencia que irrumpe y se organiza. La diferencia es que esa organización no siempre llega a tiempo, ni siempre logra sostenerse, ni siempre traduce malestar en relación de fuerzas.
El Gobierno de Javier Milei logró darle media sanción en el Senado a su contrarreforma laboral el 12 de febrero pasado entre protestas en las calles y represión,........
