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Prohibición de redes para menores de 16 años: mala enfermedad, peor remedio

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05.02.2026

El Gobierno de España podría presionar en Bruselas para que se apliquen con más diligencia las regulaciones que ya obligan a las redes sociales a evitar que ocurran acciones ilícitas en ellas. O podría escuchar a la comunidad científica que investiga sobre salud mental adolescente para conocer sus múltiples causas y combatirlas. O redoblar esfuerzos en alfabetización digital crítica, o tomarse de una vez en serio la creación de infraestructura tecnológica pública... Pero, en su lugar, prefiere apostar por medidas de gran resonancia mediática que pueden acabar con la privacidad de toda la ciudadanía, y excluir a parte de la juventud de la sociedad.

Aunque fuera previsible, la decisión de prohibir el acceso a redes sociales a menores de 16 años anunciada por Pedro Sánchez ayer resulta decepcionante. Que España se sume al itinerario marcado por países como Australia, Reino Unido o Portugal confirma la falta de imaginación de gobiernos que llegan años tarde para abordar las realidades digitales, y el abandono por parte de las democracias liberales de las ideas que debería defender como su núcleo.

Prohibir las redes a menores es una medida que ha ganado popularidad alrededor de la razonable preocupación por la salud mental de las personas más jóvenes. Pero no está claro que se trate de una solución, o siquiera un alivio. En un estudio reciente, en el que se preguntó a 120 especialistas globales, el 93,7% señalaron que la evidencia disponible es insuficiente para valorar la afirmación de que “imponer y garantizar una edad mínima de 16 años para abrir cuentas en redes sociales beneficiaría la salud mental de los adolescentes en general”. Es decir: no se sabe.

Lo que sí se sabe es que el apoyo a esta medida ha crecido al calor de best sellers que despiertan serias dudas. El mayor ejemplo es La generación ansiosa, de Jonathan Haidt, un propagador de pánico moral que acompaña sus ataques a las redes con teorías tan nocivas como que hacen que los niños se “vuelvan” trans “por contagio”. Haidt tiene un largo historial de deshonestidad intelectual, sirve como ejemplo un artículo en el que utilizó el estudio que citamos en el párrafo anterior desfigurando los datos para apoyar sus teorías.

Es cierto que la ansiedad y la depresión juveniles diagnosticadas aumentaron más o menos al mismo tiempo que se generalizó el uso de las redes, entre 2010 y 2015. Pero en esos años ocurrieron otras cosas, como que la crisis económica empujó a muchas familias a situaciones agobiantes de........

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