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A la altura de los acontecimientos

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26.02.2026

Cada generación tiene sus propios desafíos, sus propios derroteros que debe enfrentar. Sin embargo, varias veces las generaciones no están a la altura de los acontecimientos. Es decir, perdieron las posibilidades que la historia les da y pues simplemente perdieron el destino que el tren de la historia les ofreció. Por ejemplo, la generación de los años 80 y 90 de nuestro país, se aplazaron rotundamente con el inicio y la construcción de la democracia, que fue recuperada por los sectores más pobres del país, derrotando a las dictaduras militares.

Por supuesto, aquella generación de la democracia engloba a la izquierda como a la derecha, desde los clásicos protocolos de la política. Además, las cúpulas de la política, es decir las clases altas, son las que evidencias y encabezan las actuaciones en los teatros de las distintas coyunturas históricas y políticas del país.

Esa generación fracasada después apuesta por el neoliberalismo, siguiendo las corrientes impuestas desde afuera, como reordenamientos mundiales del sistema central. El final de esa apuesta también fue un fracaso.

El comienzo del milenio o nuevo siglo, fue el inicio de aires socialistas con sello latinoamericano. Las entusiastas clases altas bolivianas, se subieron a ese carro pactando con sectores indígenas, campesinos y obreros. Pero realmente no estuvieron a la altura de los acontecimientos, pues las pruebas de eso son abundantes porque no entendieron en qué consistía aquella apuesta. No hay todavía investigaciones profundas al respecto.

La corrupción, la ausencia de imaginarios de Estado, la ausencia de algún grado de nacionalismo, destruyeron esa apuesta. Implosionó internamente de manera brutal e indignante. Ahí terminó esa generación de la democracia, que no estuvo a la altura de los acontecimientos, ni en los años 80, ni en el neoliberalismo y todavía peor en lo que se llamó socialismo del siglo XXI.

De alguna manera, hoy se inicia otra etapa en la historia de Bolivia. Los jóvenes y nuevas generaciones no creen en la democracia, porque lo que vieron sólo es corrupción y manejo de la cosa pública de manera familiar y corrupta. Los últimos años no fueron ejemplos precisamente para los jóvenes, sino todo lo contrario. Autoridades mostrando su ignorancia suprema, sin tener el mínimo sentido común ni la vergüenza por su ignorancia. La impunidad del manejo político, han hecho de los jóvenes enemigos de las prácticas y lógicas políticas.

Si bien participan en los actos electorales, lo hacen sólo por funcionalidad social efecto de las amenazas del sistema si es que no se participa en las elecciones. De hecho, no existen nuevos líderes. No existen líderes jóvenes, con nuevas ideas, con visiones de país que sean aportes a la tradicionalidad de la política boliviana. Aunque tengan las herramientas e instrumentos más interesantes, como la inteligencia artificial, simplemente no quieren saber de la política en sí mismo, dejando en su lugar a los viejos políticos de siempre.

En todo caso, lo que se llama democracia está en crisis profunda por todo el mundo. Por el norte del mundo, los propios norteamericanos ya no creen en la democracia, han elegido a unos monstruos antidemocráticos que sólo están destruyendo los valores democráticos y liberales de aquellos países.

Por estos lados del mundo no tenemos propuestas nuevas de un nuevo modelo de democracia. Y el intento del socialismo del siglo XXI ha sido otro rotundo fracaso, como intento de democracia popular.

Necesitamos con urgencia nuevos sistemas de pensamiento. Incluso, y mejor, alejadas de las coordenadas ideológicas. Como bolivianos, no somos democráticos y liberales entre distintas ideologías, sino cavernarios y enemigos a muerte. No hemos aprendido a convivir entre distintos, y la política es el instrumento cavernario por esencia en nuestra realidad.

Necesitamos con urgencia que la educación, aún su propia crisis y atraso terrible en Bolivia, siendo la única herramienta viable que sea el mecanismo más claro para ayudar a cambiar a las nuevas generaciones. La enorme cantidad de universidades, privadas y estatales, no están cumpliendo sus tareas estratégicas pues no influyen en nada en Bolivia. Los sindicatos obreros y rurales son más poderosos en las decisiones de país. Nuestras universidades no tienen el menor efecto en el desarrollo y la política de Bolivia, pues siguen educando al margen de las necesidades, de las realidades de Bolivia.

En definitiva, generaciones viejas y generaciones jóvenes no estamos a la altura de los acontecimientos en Bolivia. Seguimos viendo nuestro país con coordenadas tradicionales, ideologizadas, superadas y viejas. Cierto que nuestros problemas son de vieja data. Nuestra pobreza y miseria, son lastres desde tiempos inmemoriales. Nuestro Estado que no es Estado ni siquiera moderno, nos siguen persiguiendo como fantasmas a nuestras consciencias, que nos golpean porque no somos capaces de resolver los problemas estructurales.

Desde hace tiempo ya es hora de estar a la altura de los acontecimientos; porque la agonía como supervivencia, en medio de la miseria y pobreza estructurales es un insulto a nuestro intelecto. Desde hace mucho tiempo ya es hora de saltar al vacío, para inventar otro país y dejar por fin la tradicionalidad, el azar y la estupidez estructural.


© El Potosí