Cuando Rosalía era todavía Rosalía Vila: del club de jazz al tablao flamenco en sus trepidantes años previos del fenómeno
El camino previo al estrellato
Cuando Rosalía era todavía Rosalía Vila: del club de jazz al tablao flamenco en sus trepidantes años previos del fenómeno
La cantante transitó toda clase de escenarios en sus años de crecimiento: académicos e informales, cantando flamenco, jazz o soul, de la ‘jam’ a la producción minuciosa. Experiencias en las que forjó su personalidad artística y que nos recuerdan la importancia de las salas pequeñas y medias en la cadena de la música en directo
Rosalía se maquilla antes del espectáculo 'Rumba Surreal', homenaje a Maruja Garrido, dentro del Festival Ciutat Flamenco, en 2014 en el Mercat de les Flors. / Maud Sophie Andrieux
Recitales de flamenco a voz y guitarra, ‘jams’ de hip-hop, bolos con grupos de jazz, colaboraciones con los ‘ensembles’ del Taller de Músics, asaltos al escenario invitada por toda clase de formaciones de fusión, rock, soul... El repaso a la actividad de Rosalía en las salas de Barcelona, tanto pequeños clubs como escenarios solemnes, en los años previos a su despegue comercial, acercándose a diversos géneros musicales, aprendiendo y creciendo, es una severa enmienda a quien todavía esté tentado de pensar que lo suyo es un fenómeno surgido de la nada o un producto de marketing de laboratorio.
La artista que hoy llena ‘arenas’ como el Palau Sant Jordi de cuatro en cuatro con su ‘Lux tour’ (el primero, este lunes) se labró su destino poniendo un pie en las aulas (primero en el Taller, luego en la Esmuc) y otro en las tablas, buscando siempre la interacción entre la teoría y la práctica. Su historial resulta oportuno para recordar la importancia de pequeñas salas, clubs y auditorios en la construcción de los artistas, ahora que la música en directo tiende a asociarse de modo aparatoso con los macroescenarios, y que vemos que existen estrellas pop que saltan al estadio desde el plató de televisión, sin pasar por fases previas.
Rosalía actuando durante el espectáculo 'Rumba Surreal', homenaje a Maruja Garrido, dentro del Festival Ciutat Flamenco, en mayo de 2014 en el Mercat de les Flors. / Maud Sophie Andrieux
Practicar el descarte
Para llegar al Sant Jordi (y lo que le siga), Rosalía se familiarizó antes con locales como el JazzSí, en la calle Requesens, donde actuó alrededor de una docena de veces y fue asidua como espectadora, como recuerda Lluís Cabrera, fundador del Taller de Músics, la escuela que regentaba la sala. “Desde muy al principio comenzó a cantar ahí, acompañada por Chicuelo o Daniel da Silva”, cuenta. “De hecho, estaba ahí cada día, escuchándolo todo: flamenco, jazz, rock, y muchos grupos la invitaban a subir al escenario”.
Rosalía desprendía “una ambición sana” y “practicaba el descarte”, añade, porque “quizá no tenía todavía claro hacia dónde quería ir, pero iba viendo lo que no le interesaba hacer”. Dudó, por ejemplo, si decantarse por el flamenco clásico, “y fue Chicuelo quien le dijo que ahí sería una más, y le ayudó a entender que tenía otras expectativas”.
Rosalía, en la sala JazzSí con el........
