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Haz que los números hablen

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28.03.2026

Hace muchos años, mi profesor de investigación de mercados recalcó que sabíamos poco sobre el mercado, por lo que la investigación era esencial para que las empresas tomaran decisiones acertadas. Insistía en que, antes de invertir millones en el lanzamiento de un nuevo producto, las empresas necesitaban información fiable sobre las ventas potenciales. Aunque solo podíamos debatir sobre el alcance de la investigación, para él nunca era aceptable basarse únicamente en la intuición para tomar decisiones importantes.

Aunque pueda parecer que muchos líderes empresariales toman decisiones basándose en el instinto, en realidad suelen contar con un importante bagaje de conocimientos y han realizado cierto trabajo de investigación. No obstante, esa toma de decisiones intuitiva es una habilidad poco común y valiosa. Volviendo a la perspectiva del profesor de investigación de mercados, es crucial fundamentar las decisiones en datos sólidos; sin esa información, se corre el riesgo de realizar inversiones equivocadas. Aunque no se disponga de todos los datos deseados, operar sin ninguna evidencia es como navegar a ciegas, fiándose únicamente de sensaciones infundadas. En la investigación, normalmente partimos de una hipótesis, respaldada por un razonamiento preliminar—una suposición fundamentada. Estas hipótesis suelen servir de punto de partida para el debate, pero hasta que no se lleva a cabo una investigación exhaustiva, no se obtienen respuestas definitivas.

La economía de la salud gira con frecuencia en torno a cuantificar las respuestas a preguntas importantes. Por ejemplo: ¿Cuáles son los costes y beneficios de la vacunación? ¿Conviene sustituir los vehículos de combustión para reducir la contaminación del aire? O, ¿merece la pena el gasto de un nuevo medicamento que salva vidas? El planteamiento es sencillo: antes de destinar millones a un programa de vacunación, los gobiernos quieren asegurarse de que la inversión aporta valor a la sociedad, considerando que esos fondos podrían emplearse en otras cosas. Decir simplemente “la vacuna salva vidas, así que hay que aplicarla” no es suficiente cuando se trata de vacunas costosas.

Lamentablemente, muchas decisiones siguen tomándose en ausencia de datos numéricos. Aunque a veces esa información puede no ser necesaria, no estar disponible o no haya tiempo que perder, a menudo se pasa por alto por la reticencia a realizar el esfuerzo, y las decisiones acaban influidas por perspectivas y agendas personales. En la práctica científica, se establecen salvaguardias frente a esa tendencia. Las hipótesis se formulan a partir de una investigación razonada, siendo la pregunta y el escepticismo pilares fundamentales de la disciplina. La búsqueda de respuestas fiables y precisas es primordial, reservando espacio para ajustes, los puntos de vista y prioridades individuales solo una vez realizado el análisis.


© El País