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La tríada patológica: cuando respirar se convierte en enfermedad

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05.07.2026

Hay una forma de violencia que no se ve, no se huele y no genera titulares. Ocurre cada noche, mientras los niños duermen, mientras sus pulmones filtran un aire que la normativa chilena declara “aceptable” pero que la ciencia ha demostrado que es tóxico.

Es la violencia de la exposición crónica normalizada al material particulado fino.

En el reciente Simposio Internacional “Contaminación del Aire y Enfermedades Crónicas”, organizado por el Departamento de Medio Ambiente del Colegio Médico de Chile, uno de los aspectos abordados fue la enorme brecha que existe entre la norma chilena vigente sobre material particulado fino (PM2.5), y las recomendaciones actuales de la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2021). Entre los aspectos más preocupantes está el que motiva esta columna.

Un niño nacido en Coyhaique respira aire que supera la guía de la OMS durante 191 días al año. No durante una semana de emergencia ambiental. Durante más de la mitad de su vida. En Temuco son 170 días. En Santiago, 157. Las recomendaciones de la OMS permiten un máximo de 3-4 excedencias anuales; nuestras ciudades superan ese umbral en un factor de 40 a 50 veces. Pero la cifra más perturbadora es otra: entre la guía OMS (15 µg/m³) y la norma chilena que activa medidas de protección (50 µg/m³), existen 86 a 129 días al año donde la población está expuesta a niveles dañinos sin que se active una sola alerta. Hemos llamado a este intervalo la “zona ciega” regulatoria: el espacio donde la enfermedad se incuba en silencio institucional.

Lo que hemos normalizado no es un riesgo teórico. Es una condición ambiental basal que en muchas ciudades chilenas opera durante más de seis meses consecutivos, sin........

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