El Ozempic chileno de la ciencia
El país que decide no pensar, con números que no se pueden ignorar.
Hay decisiones que no hacen ruido. No paralizan ciudades ni generan protestas. Se toman entre planillas y balances, con una lógica que, vista desde fuera, parece responsable: ajustar donde se puede. El problema es que no todos los ajustes son equivalentes. Recortar investigación y desarrollo en un país que ya invierte apenas el 0,34% de su PIB en ese ítem, frente al 2,7% que promedia la OCDE, no es prudencia fiscal. Es otra cosa.
El recorte en discusión supera los $170 mil millones, lo que equivale a entre el 10% y el 15% del presupuesto total del sistema científico. Solo eso ya debería ser suficiente para preocuparse. Pero el daño no está solo en el monto, sino en dónde cae: sobre becas de postgrado, programas de inserción de investigadores, y los grandes consorcios asociativos (PIA, Anillos, Milenio) que son, precisamente, la columna vertebral del sistema. No se está recortando la grasa. Se está cortando músculo, y eso en ciencia no es trivial.
Quienes trabajamos en ciencia lo vemos todos los días: estudiantes que dudan en postular, investigadores jóvenes sin horizonte claro, equipos que empiezan a desarmarse y sabemos que los efectos de estos cortes no se........
