La segunda gran sustitución: cuando el trabajo deje de valer
La IA promete eficiencia. Pero la pregunta decisiva no es cuánto podremos producir gracias a ella. La pregunta es otra: qué ocurrirá con los millones de personas cuya utilidad económica disminuirá precisamente por causa de su éxito.
Hubo un tiempo en que Europa contempló cómo un mundo entero desaparecía ante sus ojos.
Las primeras décadas del siglo XIX trajeron una transformación que significó la ruina de enteras formas de existencia. Comunidades gremiales construidas durante generaciones, oficios y saberes acumulados en las manos y la experiencia, fueron desplazados por la máquina.
Regiones completas se despoblaron y otras se abarrotaron de obreros arrancados de sus entornos tradicionales. El trabajo humano perdió valor frente a la potencia mecánica. Dejó de ser una expresión de destreza cultivada y pasó a convertirse en simple insumo dentro de un proceso industrial. Mujeres y niños fueron incorporados masivamente a jornadas extenuantes. La máquina no pensaba ni decidía. Disponía y usaba a quienes trabajaban en ella.
Hoy estamos entrando en una transformación........
