La tecnoderecha contra el humanismo democrático
La pregunta de fondo no es cuántos data centers tendremos ni cuántas startups aparecerán en el próximo informe económico. Todo eso importa, pero viene después de preguntarse ¿para qué y para quiénes sirve?, ¿con qué límites?, ¿con cuál idea de sociedad?
Hay que conocer al adversario, no caricaturizarlo. No creer que basta con llamarlo “facho”, “ultraderecha” o “neoliberal” para haber entendido el fenómeno. Esa facilonería conceptual puede servir para encender a la propia galería, pero no para disputar la época inaugurada con el Gobierno de Kast.
La nueva derecha que avanza en el mundo no es solo la vieja derecha del orden, del mercado o de la nostalgia autoritaria en Chile. Es también una tecnoderecha, una derecha que habla el idioma de la eficiencia, la innovación, los datos y la productividad. A veces llega con discursos duros contra las élites culturales; otras, con gráficos, y presentaciones impecables. Puede omitir la cultura humanista y, al mismo tiempo, rendirse a la cultura onda Silicon Valley, como parece ser el caso de la actual ministra de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación (no sé quién ideó ese infinito título ministerial).
Un artículo de Mauro Basaure (La Segunda, 19 mayo), Las ciencias en emergencia, apunta precisamente a ese desplazamiento. Basaure señala que, en cierta nueva derecha internacional, las ciencias aparecen como enemigo cultural. Pero agrega que la “vía chilena” opera de otro modo: no........
