Entre lo artificial y lo inteligente: la distopía ya llegó
El 80% de los encuestados se muestra de acuerdo con exigir que existan personas atendiendo en ciertos servicios de atención al cliente, aunque el 56% prevé que en 20 años la mayoría de los servicios serán atendidos por robots.
Si nuestro futuro contenía una cuota importante de incertidumbre, la IA parece estar actuando como un acelerador, al menos en las percepciones ciudadanas.
Por una parte, la élite política observa cómo este fenómeno corre muy por delante de sus posibilidades de entenderla y mucho menos de establecer alguna suerte de regulación. Por la otra, las personas que desarrollan actividades laborales que podrían ser reemplazadas por la IA plantean sus temores: en la última encuesta del ICSO de la UDP, un 44% señala preocupación por que la IA lo reemplace en su trabajo, alcanzando un 45% entre las mujeres y entre quienes tienen más de 30 años (40%).
Pese a este clima de incertidumbre, una gran mayoría de personas han hecho suya la IA. Ella aparece integrada de forma transversal en varios ámbitos de la vida cotidiana, que va desde la salud a lo laboral, pasando por la organización de la propia cotidianidad. No se trata de un fenómeno acotado a ciertos grupos etarios ni a usuarios avanzados, sino de un uso ya naturalizado en la vida cotidiana –aunque naturalmente con mayor intensidad entre los nativos digitales–.
La tecnología colabora en la mejora de la calidad de vida de las personas, pero se identifican claramente sus consecuencias negativas. El discurso es más dual que polarizado entre defensores y........
