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“El fin de todo discurso…” -Parte I-

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“El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre” Ecl.12:13

La pieza musical llamada VANIDAD cuyo autor es el compositor chileno Armando González Malbrán, que cantó Marco Antonio Muñiz, pero que mis hermanos Asdrúbal y Alonso Amaro la cantaban de manera especial, me recuerda las palabras de nuestra anciana madre y sus expresiones de admiración por ese talento dado por Dios. Se emocionaba cuando aquellas frases, de esa pieza musical, acompañadas con la armonía de los acordes de guitarra, salían de sus bocas. “Vanidad con las alas doradas yo pensaba reír y hoy me pongo a llorar”. Cada vez que la visitamos en la casa materna, a menudo la encontrábamos tarareando alguna canción y dando gracias a Dios. ¡Era una mujer de fe!

Pero el término vanidad va más allá de la simple definición como la conocemos. Normalmente lo asociamos con arrogancia, presunción o envanecimiento entonces concluimos que “fulanito” es un vanidoso. La RAE define el término como “Caducidad de las cosas de este mundo”. Traduce entonces que, todas las cosas que podamos obtener en esta vida, son pasajeras. Efímeras. Caducan rápidamente. Hoy están, mañana no. En el contexto de su exégesis en la Santa Biblia. “Viene del Hebreo, Hébel, «suspiro»,»nada». Su significado original es «aliento» o «vapor». “¡Cuán transitoria es nuestra vida! Apenas se han desarrollado nuestras facultades físicas y mentales, cuando la muerte nos sorprende”. Algo que existe ahorita, al rato puede desaparecer.

Pero si alguien definió el concepto de una manera exacta fue el Rey Salomón. Quien, al final de sus días vivió lleno de amargura y arrepentimiento, porque lo material lo apartó de su Creador. Y arrepentido nos deja una gran lección PARA APRENDER a tener sabiduría, paz y sobrellevar las tormentas. Concluyó. “Compré siervos y siervas, y tuve siervos nacidos en casa. También tuve una gran posesión grande de vacas y ovejas, más que los que estaban antes de mí en Jerusalén. Allegué plata y oro, y tesoro preciado de reyes y provincias. Procuré cantores y cantoras, deleites humanos e instrumentos músicos de toda suerte. Y fui engrandecido y aumentado más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén”. Ecl. 7:11

Hay quienes concluyen, que hasta práctica homosexual tuvo en búsqueda del placer, por cuanto dijo. “No negué a mis ojos ningún deseo, ni aparté mi corazón de placer alguno. … Miré luego todas las obras que había hecho, y el trabajo que tomé para hacerlas; y vi que todo era vanidad y correr tras el viento, sin provecho debajo del sol.” Ecl.2:7-11. Es evidente, que la enseñanza que nos deja estas reflexiones, tienen que ver entonces con las cosas que son fugaces, temporales, frente a aquellas que son eternas. Nos afanamos por lo material, algunos entregan su vida, su dignidad, honestidad y reputación. Dejan familias y amigos de toda la vida. Prefieren quedar solos por la riquezas, el poder y los deleites del mundo, olvidando que todo pasa y se acaba.

No es renunciar a los deleites y bendiciones que Dios nos da o nos quiere dar. Pero a través del trabajo honesto. Por ello, el Rey concluyó “Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad” Ecl.1:2. Y remata con esta frase. “El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala” Ecl.12:13,14. ¿Cómo les parece?

¡Hasta el próximo artículo Dios mediante por la WEB! SEGUIREMOS SOBRE EL TEMA

William Amaro Gutiérrez

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