La democracia resultó ganadora
Las democracias modernas no se construyen sobre la unanimidad, sino sobre la capacidad de convivir en medio de las diferencias. Su esencia no consiste en que todos pensemos igual, sino en aceptar reglas de juego comunes que permitan resolver las controversias de manera pacífica, institucional y civilizada.
Colombia acaba de atravesar uno de los momentos políticos más intensos de las últimas décadas. Las pasiones ideológicas, la polarización y los debates sobre el rumbo del país elevaron la temperatura del discurso público. Sin embargo, es precisamente en momentos como estos cuando se pone a prueba la madurez de una nación.
La democracia no puede depender de que gane nuestro candidato favorito. Su verdadera fortaleza radica en que las instituciones funcionen independientemente de quién ocupe temporalmente el poder. Los gobiernos pasan; las instituciones permanecen. Los líderes cambian; la Constitución y el Estado de Derecho deben seguir siendo el punto de encuentro de todos los ciudadanos.
Las diferencias políticas son legítimas y necesarias. La crítica al gobierno, a la oposición y a las decisiones públicas forma parte de la vida democrática. No obstante, existe una línea que no debemos cruzar: la deslegitimación sistemática de las instituciones sin pruebas concluyentes. Cuando la desconfianza se convierte en la única narrativa posible, se corre el riesgo de debilitar los cimientos que sostienen nuestra convivencia nacional.
La jornada electoral ha concluido y las........
