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México entre dos guerras: del conflicto global a la cruda realidad del narco

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Te voy a contar algo que los números de Ipsos acaban de confirmar, pero que tú ya intuías desde tu sala: México vive atrapado entre dos guerras que no pidió, pero que paga todos los días. Una se libra a miles de kilómetros, entre misiles y diplomacia fracasada. La otra, aquí en la esquina, entre sicarios y autoridades que juegan a las escondidas.

El estudio más reciente de Ipsos es brutalmente revelador. No por novedoso, sino por documentar con precisión quirúrgica lo que sentimos, pero no siempre sabemos articular: estamos hartos, preocupados y, sobre todo, descreídos de las soluciones que nos venden desde el poder.

Empecemos por el conflicto internacional. Un impresionante 73% de los mexicanos está altamente preocupado por las tensiones entre Israel, Irán y Estados Unidos. ¿Sabes qué significa eso? Que tres de cada cuatro mexicanos ven las noticias internacionales y piensan: "esto nos va a salpicar". Y tienen razón.

Pero aquí viene lo interesante: cuando les preguntas cómo creen que nos va a afectar, no hablan de bombas o invasiones. No. El 64% va directo al grano: la gasolina se va a poner más cara. El 49% anticipa que todo va a costar más. Otro 49% teme tensiones con Estados Unidos. Es decir, el mexicano promedio no está pensando en geopolítica abstracta; está calculando si le va a alcanzar para llenar el tanque la próxima semana.

Esta lucidez económica contrasta con el romanticismo ideológico que a veces permea el discurso oficial. La gente no quiere poses heroicas ni declaraciones grandilocuentes. El 55% pide neutralidad absoluta. Traducción: no nos metamos donde no nos llaman, porque la factura la pagamos nosotros, no los que toman las decisiones.

Y aquí hay una paradoja deliciosa: el 86% cree que esto puede escalar a una guerra mayor, pero el 80% piensa que ninguna de las partes tiene razón. Es un escepticismo maduro, casi cínico. Como quien ve una pelea de borrachos y cruza la calle: no importa quién empezó, lo importante es no recibir un botellazo perdido.

El dato sobre la ONU merece párrafo aparte. Un contundente 75% cree que las Naciones Unidas no están haciendo lo necesario. ¿Sabes qué me dice esto? Que hasta el mexicano de a pie, ese que no lee Foreign Affairs ni sigue los debates del Consejo de Seguridad, ya cachó que la ONU es como ese árbitro que todos ignoran en la cascarita del barrio. Es una percepción devastadora para el multilateralismo, pero honesta.

Después de décadas viendo cómo la ONU emite "profundas preocupaciones" mientras las bombas siguen cayendo, la gente dejó de creer en los cascos azules como garantes de paz. Y en México, donde llevamos décadas esperando que alguien  quien sea— resuelva nuestros problemas, esa desilusión con las instituciones internacionales resuena especialmente fuerte.

Ahora, la guerra de aquí, la que sí nos toca todos los días. Cuando supuestamente "cayó" el Mencho, muchos funcionarios se apresuraron a cantar victoria. Los mexicanos, más sabios y cínicos, no se la creyeron. El 87% —¡ochenta y siete por ciento! — está convencido de que el narcotráfico y su violencia no van a disminuir.

¿Por qué esta certeza aplastante? Porque la gente no es tonta. Sabe que esto no es un problema de personas sino de sistema. Como me dijo un taxista la semana pasada: "jefe, es como cortar una cabeza de la hidra. Sale otra, y otra, y otra. El negocio sigue siendo negocio".

La percepción de inseguridad por el narco está por las nubes: más de 8 en una escala de 10. Casi la mitad de los encuestados le pone un 10 redondo. Un diez. Es decir, no puede estar peor. Esta es la realidad que viven millones: el miedo constante, la extorsión normalizada, la certeza de que el Estado no puede protegerlos.

Y aquí viene el golpe más duro para nuestra clase política: cuando preguntas en quién confían los mexicanos para enfrentar al narco, las respuestas son demoledoras. Confían más en el Ejército mexicano y —agárrate— en las fuerzas de seguridad de Estados Unidos que en las autoridades civiles mexicanas. Los gobiernos estatales y municipales están en el sótano de la credibilidad. Es lógico: son los primeros en ser cooptados, los más vulnerables a la corrupción, los que la gente ve cobrar la nómina mientras el narco cobra el piso.

La evaluación de la estrategia gubernamental actual es lapidaria: 53% la considera poco o nada efectiva. Solo un optimista 22% la aprueba. Es decir, más de la mitad del país cree que lo que está haciendo el gobierno simplemente no funciona.

En medio de todo esto, se asoma el Mundial 2026. Algunos piensan que será nuestra salvación, el evento que nos pondrá en el mapa y resolverá mágicamente nuestros problemas. Permíteme ser aguafiestas: un país que no puede garantizar la seguridad de sus propios ciudadanos difícilmente puede garantizar la de millones de turistas. El Mundial no es la solución; es una fecha límite.

Un deadline que nos obliga a confrontar realidades incómodas: ¿cómo vamos a recibir al mundo cuando no podemos ni siquiera controlar nuestras propias carreteras?

Este estudio de Ipsos no es solo una fotografía; es un espejo. Y lo que refleja no es bonito, pero es real. Primero, los mexicanos han desarrollado un pragmatismo defensivo admirable. No quieren héroes ni villanos, quieren que los dejen vivir en paz y que no les suban la gasolina. Es una sabiduría de supervivencia que los políticos harían bien en escuchar.

Segundo, la desconfianza en las instituciones —nacionales e internacionales— ha llegado a niveles críticos. Cuando confías más en el ejército del vecino que en tu policía local, algo está profundamente roto en el contrato social.

Tercero, hay una madurez ciudadana que contrasta con la inmadurez institucional. La gente entiende que los problemas son sistémicos, que no se resuelven con operativos espectaculares ni con conferencias mañaneras. Están listos para conversaciones adultas sobre soluciones reales.

México necesita dejar de jugar a dos barajas. En lo internacional, la neutralidad pragmática es sensata, pero debe venir acompañada de blindaje económico real, no de discursos. En lo local, es hora de admitir que la estrategia no está funcionando y que necesitamos un replanteamiento radical.

Esto significa fortalecer las instituciones municipales, no solo militarizar. Significa inteligencia financiera para seguir el dinero, no solo perseguir sicarios. Significa cooperación internacional transparente y con controles, no negada mientras opera en las sombras.

El mensaje de los ciudadanos es claro: quieren que la guerra de allá no les reviente la economía y que la guerra de aquí deje de dictarles la vida. No piden mucho. Solo piden un Estado que funcione.

La pregunta es si quienes nos gobiernan están escuchando o si siguen mirando las encuestas como quien mira el horóscopo: buscando solo las buenas noticias. Los números de Ipsos no mienten. La realidad tampoco. Es hora de dejar de administrar percepciones y empezar a resolver problemas. Porque al final del día, los mexicanos ya entendieron el juego. La pregunta es: ¿cuándo lo entenderán quienes nos gobiernan?

POR FERNANDO ÁLVAREZ KURI Senior Group Director Ipsos en México LinkedIn: Ipsos in Latin America IG: @ipsosenmexico Twitter: @IpsosenMexico Facebook: IpsosenMexicohttps://www.ipsos.com/es-mx


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