menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

La herejía de ser mujer

15 0
05.03.2026

Cada 8 de marzo se conmemora el día Internacional de la mujer que nos sacude, o debiera hacerlo, en nuestras convicciones, experiencias, formaciones y cultura, deconstruye la forma en la que socializamos, aprendemos, nos relacionamos y nos desarrollamos, sus ingredientes centrales son la igualdad de género y el feminismo, el primero, un derecho fundamental, parte de la exigencia de mismas libertades para todas las personas, pero que reconoce sus diferencias, lo que en la mayoría de los casos concluye en la materialización o no de los derechos, en algunas circunstancias, posiciones arbitrarias –conscientes o motivadas por las ideologías– que no alcanzan a mirar esas desventajas estructurales, impiden que las mujeres ocupen espacios políticos, públicos, laborales o de liderazgo, sin la consigna de la elección entre lo profesional, una vida privada y familiar que incluya el ejercicio de maternidades plenas como derecho fundamental por convicción y no por costumbre, solo es un factor, pero de gran peso.

Es cierto que esta fecha ha generado sumas importantes de activismos en todas sus facetas, los hay desde las formas más genuinas, aquéllas que encuentran su cauce en una confrontación de lo que aprehendimos y reproducimos desde el patriarcado, que durante mucho tiempo invisibilizó la causa y la consecuencia, que debate la tolerancia y por qué no, la complicidad, de mantener con la boca cerrada a innumerables grupos; los otros activismos, si ameritan esa nominación, son aquéllos que reflejan la cara oculta de la igualdad sustantiva, esto es, pensar que el 8 de marzo coadyuva a una igualdad meramente simbólica y no material, que solo se trata de una bandera que encabeza una causa, pero que no reflejan un cambio profundo, en ese sentido, la resistencia que provoca la igualdad es a la vez rebeldía de quiénes se encuentran invisibilizados por el sistema, también es la fragilidad de las políticas, de los gobiernos y de las propias leyes que pueden llegar solo a utilizar como estandarte a la igualdad pero que no son revestidas por una verdadera convicción.

Esta conmemoración se inscribe en la crítica férrea del discurso y de la práctica, de la creencia misma y de las renuncias a las que el feminismo apuntala, ¿por qué pensar que la igualdad de género es un tema de mujeres? Nada más errado que esa apreciación, el género es una creación cultural que atraviesa todas las dimensiones de las personas, la profesional, la familiar, la personal, no es de ninguna forma la insubordinación improvisada, se trata de actos de compromiso, no solo con el derecho sino con la justicia, imaginar que la mesa está puesta para que las mujeres gobiernen al mundo es solo una falacia, hace falta remover raíces profundas aún con todas las ganancias jurídicas y culturales en tiempos actuales, que se vinculan con la herencia, la tradición, la costumbre, lo que siempre se ha hecho de una misma forma y que dota de autoridad casi sublime para su mantenimiento, en la mayoría de los casos sin cuestionamiento, naturalizado y perpetuado.

Las mujeres, que no representan una minoría, pero sí un grupo en condiciones de desigualdad histórica –son objeto de una discriminación amplia y probablemente la más antigua; plantean sus derechos en diversos espacios, como si esto fuera motivo del escándalo o la casualidad, como si constituyera un acto de sacrilegio su emancipación, como si con ello se despojaran de los pocos “privilegios” que hasta ahora se les han concedido por ser insurrectas y por levantar la voz ante la opresión, la discriminación y la desigualdad, su lucha es mayormente cuestionada y en algunos casos censurada, “pretenden ser como los hombres”, el dualismo existente no alcanza a reconocer las desventajas que los estereotipos y las asignaciones culturales han gestado, inevitablemente en los derechos y libertades de las mujeres y de otros grupos en condiciones de vulnerabilidad. Debe decirse fuerte, la igualdad es un derecho, no un privilegio.

Pero hablar de una fecha tan importante nos lleva a la reflexión casi revolucionaria en variados planos, el individual y el colectivo, la creencia y ejercicio de los diversos feminismos va más allá de una mención, significa reconocerlos y dotarlos de sentido a través de la práctica. La igualdad no puede ni debe ser simbólica, su ejercicio se convierte en una convicción personal que se traduce en comportamientos, buenas prácticas, políticas y acciones, que encaminen a allanar las dificultades que las mujeres siguen enfrentando en diversos ámbitos, el político, el social, el laboral, el propio espacio de familia donde deben redistribuirse cargas en funciones de cuidado que tradicionalmente ejercen, más del 70% de las funciones de cuidado en toda América Latina son ejercidas por mujeres, así ha sido determinado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en la Opinión Consultiva número 31 sobre el derecho al cuidado.

El principio de paridad debe profundizar más allá de acciones temporales que, aunque tienen un buen propósito no alcanzan a trasladar, menos aún eliminar las barreras culturales que ejercemos todas las personas, que a manera de obstáculos invisibles actúan como un freno en el ejercicio de libertades humanas, la sociedad tiene una deuda importante con las mujeres, bajo la formación de un sistema en el que crecimos todas las personas, reproducimos  modelos en los que la estructura de pensamiento ejercida por hombres tiene incidencia en la dominación, limitación, en algunos casos discriminación y violencias, gestadas en un modelo hegemónico, no verlas sería reprochable.

También es deber enfatizar que, aunque el derecho como sistema normativo haya incluido la paridad y procure una igualdad formal, no escapa a la realidad, a los estereotipos sociales casi siempre vistos en términos binarios, que conducen a patrones difíciles de erradicar, la complicidad en la tolerancia de comportamientos que alientan la desigualdad también coadyuva a la perpetuación de las violencias en todas sus dimensiones, el verdadero handycap es la ignorancia del tema y confundir un derecho con un privilegio, estamos llamados a recordarlo en una fecha como esta.

Fabiola Martínez Ramírez

Directora Regional del Departamento de Derecho, CDMX, Tec de Monterrey


© El Heraldo de México