Cuando cuidamos la autoestima, también prevenimos el bullying
Hablar de bullying nunca es cómodo, pero es urgente, porque no es un tema ajeno, ni lejano, ni aislado: sucede en las escuelas, en los espacios digitales, en los grupos de amigos y, muchas veces, en silencio. El bullying hiere, marca y deja huellas profundas en la niñez y la adolescencia si no se atiende a tiempo.
He aprendido que el bullying no nace de la nada, muchas veces surge de la inseguridad, del miedo, de la falta de herramientas emocionales y de entornos que no saben, o no pueden, contener. Por eso, estoy convencida de algo: fomentar la autoestima es una de las formas más poderosas de prevenirlo.
Cuando una niña o un niño sabe quién es, se siente valioso, escuchado y amado, tiene más recursos para poner límites, pedir ayuda y no normalizar la violencia. Y cuando una comunidad acompaña, observa y actúa, el bullying pierde terreno.
La autoestima no se construye con discursos vacíos, sino con acciones cotidianas: escuchando sin juzgar, validando emociones, reconociendo logros, enseñando que pedir ayuda no es debilidad y que ser diferente nunca debe ser motivo de burla.
También se fortalece cuando las y los adultos somos ejemplo de respeto, empatía y cuidado. Pero, ¿qué pasa cuando el bullying ya está presente? Ahí, como comunidad, no podemos voltear hacia otro lado. Acompañar implica creerle a las niñas, niños y adolescentes; implica actuar, orientar, canalizar y, sobre todo, no minimizar lo que sienten, ninguna agresión es “un juego” cuando duele.
Desde el voluntariado y desde cada espacio comunitario, tenemos la responsabilidad de crear entornos seguros, donde la infancia y la adolescencia puedan crecer sin miedo, con confianza y con la certeza de que no están solas ni solos. La prevención también es amor en acción.
Cuidar la niñez es una tarea compartida, es un compromiso diario que se construye en casa, en la escuela, en la comunidad y en cada palabra que elegimos, cuando nos unimos para proteger, acompañar y fortalecer, estamos sembrando algo mucho más grande: una generación que sabe que vale, que merece respeto y que no está sola.
Eso, para mí, es Futuro Activo: una comunidad que se cuida, que se escucha y que actúa para que nuestras niñas y niños crezcan libres, seguros y con el corazón fuerte.
MARISA HERNÁNDEZ JULIÁ
