Banamex, la recomposición silenciosa
La desinversión de Banamex comenzó a tomar forma concreta luego de que Citi amarró la colocación de 24% del capital entre institucionales globales y family offices, una operación valuada en alrededor de 43 mil millones de pesos que, sumada a la entrada previa de Fernando Chico Pardo, llevará a que casi la mitad del grupo financiero cambie de manos. No es un movimiento menor para un banco que sigue siendo pieza estructural del sistema financiero mexicano.
Pero más allá de la cifra, lo relevante está en la arquitectura. No hay un comprador dominante. El tope de 4.9% por inversionista dibuja deliberadamente un mapa accionario atomizado, como si la institución se recompusiera con ingeniería corporativa fina para una nueva etapa de mercado y gobernanza.
En los hechos, Banamex —al mando de Manuel Romo— comienza a transitar hacia un modelo donde el control económico se redistribuye, mientras Citi mantiene el timón del proceso.
La presencia de jugadores como General Atlantic, Blackstone, QIA o BTG Pactual no sólo aporta capital, sino que valida la tesis de que el banco sigue siendo una pieza atractiva dentro del sistema financiero mexicano y un vehículo relevante de largo plazo.
Citi no está liquidando con prisa, está administrando la salida para maximizar valor rumbo a la eventual oferta pública. El propio grupo ha dejado ver que, tras esta colocación, no prevé ventas adicionales en 2026, lo que da margen para estabilizar la nueva base accionaria, afinar la narrativa de mercado y preparar el siguiente movimiento con mayor visibilidad para inversionistas.
Sin estridencias, Banamex empieza a reconfigurar su mapa de poder. No es todavía el desenlace, pero sí el armado previo de un banco que se alista para volver al mercado con otra piel y, sobre todo, con nuevos equilibrios en la mesa de decisión.
SALA DE JUNTAS: Tras la caída de El Mencho, el CEO de Grupo Financiero Mifel, Daniel Becker, hace una lectura que anticipa un escenario de doble filo. Del lado de riesgos aparece el costo de transición. La fragmentación del CJNG podría detonar más violencia local, presión inflacionaria vía extorsión y ruido en polos de nearshoring del Bajío y Jalisco. Tampoco se descarta impacto reputacional en destinos turísticos si endurecen alertas de viaje.
Pero también hay ventana de oportunidad. El debilitamiento del grupo criminal podría liberar mercados hoy distorsionados —como aguacate y limón—, enfriar precios inmobiliarios inflados por capital ilícito y mejorar la percepción de riesgo país si el golpe se traduce en procesos judiciales sólidos. La clave, advierte Becker, no es la captura en sí, sino la capacidad del Estado para ocupar el vacío y evitar que el impuesto criminal mute en anarquía delictiva. Ahí se jugará la verdadera factura económica del golpe.
POR IVÁN RAMÍREZ VILLATORO
