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Nuevo orden de impunidad y narcisismo

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10.02.2026

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Ninguna distopía, por asombrosa y profética que haya sido, alcanzó a vislumbrar que el orden internacional, que podríamos caracterizar como liberal, se tendría que postrar a los hediondos pies de un fenómeno catastrófico, conectado con “destinos manifiestos” y fundado en la arrogancia, y, peor aún, en el narcisismo de un individuo todopoderoso. O, como veremos, el de un mandamás y su clan. En Hitler y en Mussolini, por ejemplo, había rastras de ese siniestro enamoramiento de sí mismos, adobado con discursos populistas, racistas y de sojuzgamiento.

Ahora, cuando es evidente la presencia de lo que podría ser la metástasis de un neofascismo agudo (algunos lo denominan “neorrealismo”, como si recordaran el nombre de aquella bella experiencia cinematográfica italiana), un tipejo enardecido por su propia figura y sus representaciones de espejo, domina la escena mundial. Parece creerse una divinidad, o, desde otra aciaga perspectiva, el escogido por la “providencia” para regir los destinos del mundo.

En la nueva disposición y orden (o desorden) mundial, el edificio filosófico liberal ha volado en añicos. No hay cortes ni soberanía ni principios rectores del derecho de los pueblos y otros........

© El Espectador