Terremoto político
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No seremos mejores ante la tragedia, la pandemia lo dejó claro. Fuimos más emocionales al comienzo, más solidarios, más dados a la comprensión y la compasión. Pero más temprano que tarde, las carencias, el dolor, la incertidumbre trocaron esas emociones por la frustración, la rabia, la apatía. Es imposible que la atención gubernamental de las grandes tragedias no se convierta en un pulso político. Los llamados a la unión y la fraternidad duran lo mismo que las sirenas de emergencia. La sociedad se seca las lágrimas y vuelve al combate. Los gobiernos lo tienen claro y gestionan a la vez que montan la escena. La oposición se muestra compasiva y propone, pero también debe comparar, señalar, sabotear el discurso benefactor y eficiente del gobierno. Todo eso se revuelve en la licuadora de las redes y el resultado es impredecible.
El gobierno de Abelardo de la Espriella no tuvo tiempo para la adaptación.........
