“Complejo industrial de prisiones”
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A quien por primera vez le oí pronunciar las tres palabras del título de esta columna fue a Angela Davis, historiadora, filósofa, activista de los derechos civiles, teórica del Black Feminism y profesora emérita de la Universidad de California (Santa Cruz). 45 minutos de trepidación emocional consistieron en la conferencia que ella ofreció el 16 de septiembre de 2010 para la inauguración de los posgrados en Estudios de Género de la Escuela del mismo nombre en el auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional de Colombia**.
Para criticar la construcción en serie de presidios para masas de seres humanos, iniciada ya hace medio siglo, Davis se autodenominó abolicionista. Se valió del término que agrupó a quienes desde el siglo XVIII pugnaban por erradicar la esclavización. Para ella, la privación de la libertad en un calabozo consiste en un deplorable sedimento de la esclavitud que también debe ser abolido***. Al complejo industrial de prisiones lo componen las empresas que especulan con el valor del suelo, las que acumulan ganancias vendiendo materiales de construcción, las de arquitectura e ingeniería civil que les dan vida a los planos estandarizados desde los Estados Unidos; las que fabrican rejas y herrajes, las que hacen uniformes, distribuyen comidas y elementos de aseo institucional y personal, las que transportan a las personas detenidas, además de las que —a partir del racismo— se ocupan de extraer la “materia prima” entre personas negras e indígenas, campesinos desterrados, cultivadores de hoja de coca, distribuidores minoristas de droga, obreros........
