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Lo bueno, lo regular y lo malo del discurso de posesión

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16.08.2026

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El largo discurso del presidente era necesario. Colombia votó por alguien de cierta manera desconocido respecto de los detalles de sus ideas, más allá de los emoticones y los slogans. Tuvo aspectos muy positivos, algunos dudosos y otros reprochables.

Lo predecible e intuitivamente de aceptación general

Seguridad, control territorial, recuperación del sistema de salud (esta fue la afortunada frase que resumió su programa: sin ideología, corregir, recuperar y fortalecer), combate al narcoterrorismo y al crimen, orden perentoria a la fuerza pública para combatir (aunque esto suena por ahora simplista), relaciones con todos los países (aunque habrá voces en contra de ingresar al Escudo de las Américas).

En economía hay un viraje fundamental que será bien recibido por quienes están en el proceso productivo y con indiferencia por millones de colombianos informales:

Impulso al desarrollo, apoyo al sector privado, congelación del gasto público, poner la casa en orden, revisar el endeudamiento del Estado, preservación de la política social, pero que la pobreza no sea un argumento político. La eliminación del impuesto al patrimonio tiene fundamento, pero le toca armonizar con el saneamiento fiscal. Respeto a la independencia del Banco de la República. Recuperar el manejo ortodoxo que le había dado prestigio a Colombia. Eliminar obstáculos a las exportaciones. Conseguir la seguridad energética. Acudir a las térmicas para proteger los embalses. Energías limpias, pero llegar a ellas desde la fortaleza, desde la autosuficiencia. Evitar un posible racionamiento.........

© El Espectador