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A puerta cerrada: así se evalúan a los embajadores que representarán a Bolivia

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15.08.2026

Luego de nueve meses sin designaciones de embajadores, el Ejecutivo propuso finalmente dos nombres: José Luis Lupo, como representante ante la OEA, y Luis Fernando Camacho, como embajador de Bolivia en Paraguay.

Ambos comparecieron ante la Comisión de Política Internacional del Senado. A la salida,  se abstuvieron de declarar ante la prensa, argumentando que la sesión era reservada.

El episodio plantea una reflexión que trasciende a los dos candidatos. La interrogante es: ¿resulta razonable, lógico y prudente, aprobar embajadores en un proceso reservado?

En el caso de Lupo y Camacho, ambos son figuras públicas. Sus trayectorias son conocidas, consecuentemente la sociedad tiene elementos para juzgar la pertinencia, o no, de su nominación y posterior aprobación.

Pero ¿qué ocurriría, en el caso, de un candidato sin exposición pública, si su evaluación, además, se desarrolla íntegramente bajo reserva? La ciudadanía desconocería, cuál es su formación, experiencia y méritos. En síntesis, su  idoneidad para el cargo de embajador. Sería, en términos simples, el nombramiento de un ilustre desconocido.

Eso no es un asunto menor. Ser embajador constituye una de las mayores honras y  responsabilidades que puede asumir un ciudadano. Se trata de representar a Bolivia y defender los intereses nacionales.

Por ello, la nominación presidencial y la posterior intervención del Senado en su aprobación no deberían entenderse como un simple trámite administrativo burocrático. Existe una responsabilidad........

© El Deber