menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Un país detenido

24 0
28.05.2026

La Paz ya no amanece: resiste. Resiste entre barricadas improvisadas, marchas interminables, llantas quemadas, gases lacrimógenos y una sensación colectiva de agotamiento que se ha instalado como otra capa del viento gélido del altiplano. Bolivia atraviesa una crisis que no es únicamente política ni únicamente económica. Es una crisis emocional. Una fractura social visible en las carreteras bloqueadas, en los mercados vacíos, en las discusiones familiares, en las conversaciones de taxi y en el miedo silencioso de quienes no saben si mañana podrán llegar a sus trabajos, a sus hospitales o a sus casas.

La sede de gobierno y El Alto se han convertido en el corazón palpitante de una confrontación diaria. Hay marchas multitudinarias, enfrentamientos constantes con la Policía, columnas de mineros, sindicatos, maestros rurales, campesinos, vecinos movilizados y ciudadanos que han salido a protestar porque sienten que el país ya no les responde. Las rutas que conectan La Paz con el resto del país permanecen bloqueadas por días enteros. El cerco no es solo territorial; es psicológico.

Sin embargo, lo más inquietante no son únicamente los bloqueos. Lo más inquietante es la forma en que Bolivia parece haberse acostumbrado a vivir permanentemente enfrentada consigo misma.

La semana pasada estuve en la Chiquitania. Y allí, lejos del ruido paceño y de la intensidad política del altiplano, descubrí que la división nacional también atraviesa los caminos del oriente. Vi bloqueos. Vi personas cansadas. Vi transportistas detenidos durante horas mirando el horizonte con resignación. Pero también vi algo más profundo: dos Bolivias enfrentadas incluso dentro de una misma carretera.

Estaban quienes apoyaban el bloqueo convencidos de que no existe otra forma de ser escuchados. Y estaban quienes observaban con impotencia cómo sus trabajos, sus negocios y su rutina quedaban paralizados una vez más. Nadie parecía equivocado. Nadie parecía inocente.

Eso mismo lo volví a presenciar en La Paz, camino al Valle de las Ánimas,........

© El Deber