¿Te equivocaste?
La vida es un aprendizaje, pero cuando nos equivocamos y nos fallamos a nosotros mismos, el dolor es muy profundo. Es como un fracaso, no encontramos otro culpable que nosotros. Y el problema más grande es quedarnos dándole vuelta al error. No lo vemos como un aprendizaje, como un camino para ser más astuto y más fuerte ante el error. La tendencia es revolcarse en el barro del remordimiento. Pero lo interesante es descubrir cuáles caminos me llevaron hasta allá. Qué fue lo que me llevó a fallar.
El contexto: Conocer el contexto no es justificarse, es entender por qué tomé la ruta que me llevó a donde estaba el precipicio. Hay un famoso dicho que dice “todos los caminos conducen a Roma”, es decir, todo tiene un principio, un motivo, un ¿por qué llegó hasta allí? Y detenerse a pensar qué paso días antes de la equivocación, esclarecerá las circunstancias.
Existen objeciones de quienes no quieren ver el contexto, sino simplemente juzgar el acto. Pero juzgar el acto en sí, es olvidarse de la historia de vida, de las experiencias y de la realidad que atraviesa y vive la persona.
Por eso, mi querido lector, cuando alguien me cuenta un error, no me gusta quedarme en el error, sino que le pregunto qué pasó, por........
