De la fatiga a la guillotina
Durante algunos meses, el condado de Plymouth, Massachusetts, fue el epicentro de lo que parecía ser el nacimiento de un nuevo movimiento social. Cientos de mujeres uniformadas de color rosa y con pancartas en mano mostraban su respaldo incondicional a las afueras de los tribunales, y miles más, a lo largo del país, organizaban campañas millonarias de recaudación de fondos. Por increíble que parezca, la favorecida con tanta empatía, Lindsay Clancy, es la autora confesa del asesinato de sus tres pequeños hijos: Cora, de 5 años; Dawson, de 3; y Callan, de tan solo 8 meses. El juicio finalmente se declaró nulo por falta de unanimidad del jurado, no sin que antes la defensa argumentara que la acusada no era penalmente responsable por razón de demencia.
Si bien es cierto que, desgraciadamente, padres asesinos han existido siempre, que la culpable de semejante acto contra natura reciba tales muestras de apoyo de sus congéneres, olvidándose de las verdaderas e inocentes víctimas, es algo realmente inédito. Este extravío social, en el que un gran número de mujeres defiende ciegamente a una autora confesa mientras simultáneamente procura transferir la culpa al esposo de manera irracional, pese a que las pruebas judiciales demostraron que ella planificó la ausencia del marido........
