Darle la espalda al futuro
En 2014, Michelle Bachelet y la izquierda tomaron una decisión que, a la luz de sus resultados, perfectamente puede ser vista como una suerte de Big Bang en la política chilena. No sólo remeció el sistema educacional, sino que alteró de forma profunda el diseño de las políticas públicas y, con ello, el futuro del país. Lo hizo, además, como sabemos, con un objetivo evidente: congraciarse con los dirigentes universitarios que, tres años antes, en 2011, durante el gobierno de Sebastián Piñera, habían logrado desestabilizar el clima político y social interno.
La exmandataria decidió apostar por financiar la educación de esos mismos universitarios, en desmedro de aquellos que no protestaban, que no hacían ruido, que no tenían voz política. Es decir, la primera infancia, los preescolares y los escolares. Los invisibles de siempre.
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