¿Puede la Maratón de Santiago salvar nuestra democracia?
Este lunes, The Washington Post publicó una columna sugerente sobre si el Maratón de Boston —un hito que este año celebra su edición 130 en un contexto de profunda desconfianza institucional— podría, de alguna manera, salvar la democracia estadounidense. El autor planteaba que, en un país donde la política se ha convertido en un “deporte de sangre” y los algoritmos dictan incluso qué series de televisión debemos ver según nuestra ideología, el running se mantiene como uno de los pocos espacios libres de fricción partidista.
Es cierto: Santiago no es Boston. Chile, afortunadamente, aún no alcanza los niveles de polarización tóxica y enemistad existencial que fracturan a la sociedad norteamericana. Sin embargo, no podemos pecar de ingenuos. Mi análisis es que nuestro país transita peligrosamente hacia una enemistad cívica, alimentada por una anomia creciente hacia el debate público. En este escenario, y alejándome de cualquier “optimismo tóxico” propio de influencers de redes sociales, cabe preguntarse: ¿podemos sacar algo en limpio de la Maratón de Santiago que se correrá este domingo?
Vivimos en la era de la segmentación perfecta. Como bien señala la columna de Scott Warren,........
