España discute, el algoritmo gobierna: Palantir ha llegado a la ciudad
En una conversación con Miriam González Durántez, fundadora de España Mejor y colaboradora de esta casa, le mostré mi preocupación por la inteligencia artificial, su capacidad para alterar la realidad y la presión creciente que ejerce sobre las estructuras democráticas en las que aún creemos vivir. González Durántez respondió, mitad broma, mitad serio: "No creo que la IA lo vaya a hacer peor que la gran mayoría de nuestros líderes, en lo que a la gobernanza de lo público y lo privado se refiere".
El comentario me recordó al ensayista y editor William F. Buckley Jr., cuando dijo que prefería ser gobernado por las dos mil primeras personas de la guía telefónica antes que por el profesorado de Harvard, o a esa vieja teoría según la cual un mono lanzando dardos a la sección financiera obtiene mejores resultados que el analista medio de Wall Street.
Este introito viene a colación de Viaje a un Nuevo Mundo (Arpa), presentado la semana pasada en la vetusta sala de lecturas del Ateneo de Madrid, emplazamiento paradójico y sintomático de unos viejos tiempos que no terminan de morir y unos nuevos tiempos que no terminan de llegar. Eso que Gramsci describe como un período de transición entre dos épocas. Un momento histórico en el que las estructuras políticas, económicas o culturales antiguas se están desmoronando, pero en el que el nuevo orden aún no se ha consolidado.
El libro —una conversación entre Esteban Hernández y Enric Juliana— tiene la virtud, cada vez más escasa, de intentar distinguir lo estructural de lo coyuntural: el regreso del imperialismo y el conflicto Estados Unidos–China como columna vertebral del nuevo orden; el fin de la globalización ingenua; la constatación incómoda de que la democracia liberal no era el fin de la humanidad, sino apenas un paréntesis. Y luego, sobrevolando de forma transversal este universo, el vector más decisivo: la tecnología.
Durante décadas la tratamos como una capa neutral, un conjunto de herramientas al servicio del progreso. Hoy sabemos que no lo es. La tecnología estructura poder. Quien controla los datos, las infraestructuras, las plataformas y la capacidad de cómputo controla no solo mercados, sino la arquitectura profunda del nuevo orden.
En ese terreno emergen los tecnoligarcas, que ya no son........
