Felipe VI, un rey ¿de usar y tirar?
La visita de los Reyes a Ceuta y Melilla ha sido un éxito, como era de esperar. Su valor simbólico remite a la certeza de que el monarca es baluarte de la integridad del Estado por mandato constitucional. La adhesión popular a la persona del Rey se ha ido incrementando desde que fue proclamado por las Cortes Generales en 2014. Recogió la institución de la Corona en unas condiciones pésimas tras la abdicación punitiva de su padre, Juan Carlos I, y coincidiendo con una transformación casi esencial de nuestro modelo político: la irrupción del multipartidismo, el acceso al Congreso de fuerzas políticas antisistema (Podemos, primero, Sumar, después), de vocación republicana e impugnatoria de la Constitución de 1978, y con la elección ese mismo año de Pedro Sánchez como secretario general del PSOE en sustitución de Alfredo Pérez Rubalcaba.
Cuando, después de casi dos años de investigación, conversaciones y estudio de documentación, publiqué en 2021 Felipe VI. Un rey en la adversidad, llegué a la conclusión de que nuestro monarca era, por formación, temperamento y presencia de ánimo, el que España necesitaba en esa coyuntura histórica. Pero advertí también que, siendo el mejor de los Borbones, era el que corría con el mayor de los riesgos. El más grave de todos, el de ser considerado por los sucesivos gobiernos como un rey ceremonial al modo de alguna monarquía parlamentaria, en concreto la sueca. Sin embargo, es paradójico que, cuando han venido mal dadas para los gobiernos, sus presidentes hayan recurrido a él para solucionar crisis de hondísimas consecuencias, lo hayan hecho directa o renuentemente.
Después del primero de octubre de 2017, fecha del infausto referéndum ilegal de independencia en Cataluña, el Gobierno de Mariano Rajoy se sumió en una especie de parálisis perpleja. El Rey tuvo que salir a la palestra el día 3 de ese mes (el primer octubre de Felipe VI) con un discurso que el monarca consultó al presidente del Gobierno y para el que le pidió su refrendo implícito. Lo obtuvo de Mariano Rajoy, aunque de manera reticente. No ha de olvidarse que sobre ese texto fue consultado también el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. El Gobierno, el PP y el propio PSOE tardaron más de veinte días en activar en el Senado el artículo 155 de la Constitución para intervenir la autonomía catalana. El mensaje del Rey fue tan necesario como polémico en Cataluña y tanto sirvió para acreditarle como un jefe del Estado resuelto como para cuestionar el alcance de sus funciones. Pero lo cierto es que, hoy en día, y tras la........
