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Odiar el término 'migrante' y respetar al 'inmigrante'

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07.06.2026

Odio la palabra "migrantes". Es una más de las penurias que tienen que soportar quienes llegan a España a buscar una oportunidad, un trabajo, una vida. Se impone el término "migrante" por esa obsesión enfermiza de crear un vocabulario político propio, a ser posible contrario a lo establecido por la Real Academia de la Lengua. Lo políticamente correcto siempre por delante de lo académico, para no perder ocasión de subrayar el atrevimiento y la ignorancia. Migrante suena a serie de zombis, como los ‘caminantes’ de The Walking Dead, deshumanizando a la persona aún sin pretenderlo. La Lengua española ya tiene términos diferenciados, más humanos, menos humillantes, para quien se ve obligado a emigrar de su país al extranjero, por causas económicas, políticas o sociales. Son inmigrantes los que llegan a España y son emigrantes los españoles que se marchan del país al extranjero. Inmigrantes y emigrantes, no ‘migrantes’ que suena a plaga. Los andaluces de mi generación conocen bien la terminología porque el deseo, tras la dictadura franquista, era que volvieran pronto los emigrantes, como cantaba Carlos Cano en su ‘Murga de los currelantes’, que es lo que son todos ellos, en definitiva. En fin, que hay muchas formas de ofender al inmigrante, no solo por parte de aquellos se declaran abiertamente racistas, y eso de llamarlos ‘migrantes’ es una de ellas.

Una de las más altas representantes de este ‘bienqueda’ político es la ministra de Sanidad, Mónica García, que lo peor que hizo en su día fue aceptar el cargo que le ofrecieron en el Gobierno porque desde entonces todo el mundo conoce su incapacidad de gestión. Hace unos días hizo........

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