Cómo Sánchez destruyó el PSOE de Andalucía
En la democracia española ha habido partidos-régimen o, si se prefiere, partidos del modelo PRI: el PNV en el País Vasco, Convergència en Cataluña, el PP en Galicia y el PSOE en Andalucía. Ejercen un dominio político y social casi absoluto en un territorio donde no sólo ganan las elecciones y gobiernan durante períodos larguísimos; además crean una identificación esencial con el territorio, se apropian de su identidad, controlan los resortes de la sociedad y, en cierto modo, la moldean a su imagen y semejanza.
De ese modelo imperial sólo queda en pie el PP de Galicia, cuya única y lejana alternativa de Gobierno es el BNG. Los otros se fueron pulverizando. El PNV sigue mandando, pero necesita al PSE para todo y boquea desesperadamente, intentando retrasar el momento inexorable en que Bildu lo supere. La Convergència de Pujol es un espectro del pasado desde que Artur Mas se subió al carro del secesionismo insurreccional y después se dejó atropellar por un orate llamado Puigdemont. Y el 17 de mayo comprobaremos la profundidad de la sima a la que el sanchismo ha conducido al PSOE de Andalucía.
Es cierto que si se introduce el censo electoral entero en un bombo y se saca un nombre al azar, saldrá alguien que produzca menor repulsión en el cuerpo social que María Jesús Montero. Su designación digital como candidata forma parte de la pulsión suicida de los partidos políticos. Esa parte la han explicado en este periódico Zarzalejos y Amón y yo sólo podría añadir casquería.
Todo empezó en 1980, cuando Rafael Escuredo se puso astutamente al frente de una movilización popular masiva que sólo formalmente se relacionaba con la autonomía porque, en realidad, conectó con el sentimiento secular de abandono y postergación de Andalucía frente a la España rica. Ni siquiera los dirigentes del PSOE fueron conscientes........
