Dos burbujas superpuestas: el umbral a un cambio de régimen monetario internacional
Sospechamos lo que puede ocurrir porque ya lo hemos vivido. Nunca hay dos iguales, cierto. Esta vez se cuece una mezcla entre el 2000 y el 2008 aderezada por el socavamiento del papel del dólar como dovela de estabilidad en el sistema financiero internacional, una singularidad histórica. A estas alturas, que Trump ofrezca 5.000 dólares per cápita si los republicanos ganan las midterms de noviembre casi resulta anecdótico. Y todo ello, con independencia de que la guerra de Irán haga o no de alfiler letal al globo americano, como sufrimos estos días.
En lo que sí coinciden todas las burbujas es en la ofuscación de la industria financiera, que siempre llega tarde a la hora de identificar y medir riesgos. En la del 2008, un sector inmobiliario cuyo valor no podía caer en valor, facilitó la confección de toda una ristra de productos de deuda, uno encima de otro. Hoy, la burbuja de la IA cumple con todas las señales habidas en crisis históricas precedentes: los niveles de concentración en las valoraciones bursátiles, la absoluta falta de disciplina en las colocaciones a bolsa, la transigencia de las agencias de rating en las calificaciones, etc, Y en general la implicación activa y connivente del estamento financiero por no perder negocio. Mientras dure la música.
Fascinante cómo nos resulta el personaje Musk, “el hombre más rico del mundo”, que está en primera línea de esta cuita. La salida a bolsa de SpaceX rompió con la costumbre en estos procesos. No hubo un sondeo preceptivo del mercado institucional para poner el precio. Se tomó directamente la indicación del dueño: 1.8 billones y los colocadores se embolsaron 500 millones de dólares en comisiones. A posteriori, todo el ejército de analistas de estas mismas instituciones vendedoras, hasta 40 bancos de Wall Street, emitieron informes con precios objetivos unánimemente por encima del nivel de colocación: compren. En las proyecciones financieras que sustentan la valoración, el sindicato colocador no ha cuestionado los supuestos básicos del crecimiento del negocio de centros de datos en el espacio. ¿Cómo van a refrigerarse en un entorno de vacío que hace de aislante? Toman lo que les dictan.
Todos comulgamos con Musk en lo de “una especie interplanetaria”. Con la visión maximalista de la IA, cuyo impacto en niveles de productividad fulminará las penurias de la escasez y las exigencias de la economía, haciendo el dinero innecesario en apenas una década, ya es más difícil dar crédito. Ni la advertencia de los padrinos de la IA (LeCun, Hassabis, etc.) sobre la imposibilidad de extrapolar exponencialmente la capacidad de inferencia de los modelos de lenguaje, ni las limitaciones de la propia física —las distancias descomunales en la cosmología interplanetaria y la nimiedad de nuestra capacidad energética— son óbices para subirse a una historia fascinante.
Nadie cuestionó el valor de SpaceX en bolsa. No hubo un sondeo preceptivo del mercado
Acto seguido vienen ya las colaciones en........
