De la sala VIP a la cola de Ryanair: anatomía de una sociedad fragmentada
Lo impresionante de las imágenes de Ceuta ha sido la visualización de las masas. Decenas de miles de personas formando una amalgama deshumanizante, utilizada como armamento híbrido contra nuestro país y que se ha cobrado casi un centenar de víctimas. Las masas siempre han impresionado porque representan una magnitud que el individuo deja de comprender, y vuelven a poner de manifiesto una constante histórica: el número. En 2100, al otro lado de esa misma frontera, en África vivirá el 40% de la población mundial. En Europa seremos el 3,6%. Independientemente de la coyuntura y la crisis diplomática actual, esta es la corriente de fondo estructural. Ese camino demográfico ya condiciona las agendas de nuestra política, y lo que pase al sur del Estrecho va a tener mucha influencia en nuestras vidas. Hablemos, pues, de masas y de números en un mundo de flujos globales que cruzan estrechos como Ormuz y Gibraltar, de fronteras semiabiertas y semicerradas.
El gran espectáculo de masas de 2026 ha sido el Mundial de fútbol: 6.810.966 asistencias en 104 partidos y 80.663 espectadores solo en la final, una masa mayor que la que ha entrado por Ceuta. Muchos pagaron de media 9.900 euros por la entrada, y las mejores localidades llegaron a ofrecerse por 83.639 euros en la reventa.
Existe una línea que une las imágenes de Ceuta con las del Mundial y que muestra cómo han aumentado exponencialmente los órdenes de magnitud en los extremos de una misma realidad conectada. Masas y números. Muchos ricos y muchísimos pobres. A quienes vemos cada vez menos es a los que están entre esas dos categorías. Las clases medias siguen siendo mayoritarias, pero, como ocurre en los grandes espectáculos, están dejando de compartir las mismas experiencias y espacios de convivencia en la geografía de la ciudad, en la forma de viajar, en el consumo, en la escuela y en el uso del espacio público. Estamos dejando de ser una sociedad civil integrada. Así, mientras que nuestra selección juega mejor al fútbol que la de Argentina, nuestra sociedad se está argentinizando.
El fin de la experiencia compartida
Otro dato interesante. Desde el fin de la crisis de 2008, y especialmente tras la pandemia, ha habido una explosión de clubes privados en España: Soho House y The Cover en Barcelona, Monteverdi, Forbes House, el recién inaugurado Metrópolis o la futura apertura de otro Soho House en Madrid. Una vez conectadas a las redes globales de primer nivel, Madrid y Barcelona incorporan también su orden de magnitud económica. Hay muchas más personas con un enorme poder adquisitivo, pero también muchas más con rentas bajas y cada vez coinciden menos en los mismos espacios.
Estamos dejando de ser una sociedad civil integrada. Mientras la Roja gana a Argentina, nos argentinizamos
Quienes estén de vacaciones estos días habrán observado ese desacople directamente. El lujo y la apuesta por el turismo "de calidad" consiste en vender menos plazas, pero mucho más caras. Mientras los hoteles reformados de la costa superan con naturalidad los doscientos euros por noche, vuelven las vacaciones en el pueblo que muchos ya no hacían y los vídeos en redes sociales que ponen en valor la belleza de los ríos y pantanos como alternativa asequible.
De hecho, el propio viaje se divide en circuitos sociales distintos. Las grandes aerolíneas estadounidenses y europeas están sustituyendo en algunos casos hasta el 40% de la clase turista por cabinas "premium", mientras en los aeropuertos se multiplican los controles Fast Track y las colas de acceso a las salas VIP. Lo que se vende ya no es solo comodidad exclusiva, sino la posibilidad —relativamente asequible— de evitar la "experiencia común". Cada vez hay más vuelos y más viajeros, sí, pero también más clases business; más hoteles de lujo y, al mismo tiempo, mucha más gente esperando un Ouigo sentada en el suelo o embarcando en un Ryanair. Las clases trabajadoras y medias siguen viajando, pero cada vez comparten menos las mismas experiencias y lugares que las élites y las clases acomodadas.
Las clases trabajadoras y........
