Trump y Netanyahu quieren pasar a la historia y esa es la peor noticia para el mundo
Es probable que para entender la guerra en Oriente Medio haya que retroceder más de un siglo. En 1916, dos diplomáticos, el británico Mark Sykes, representante prístino de la más rancia aristocracia de su país, y su colega francés François Georges-Picot, tío abuelo del expresidente Valéry Giscard d’Estaing, firmaron un Acuerdo que ha pasado a la historia universal de la infamia en las relaciones internacionales.
El Acuerdo Sykes-Picot fue declarado secreto y contemplaba que París y Londres, traicionando a los árabes, que se habían levantado contra el decadente imperio otomano, se habrían de repartir al final de la Gran Guerra zonas estratégicas de la antigua Mesopotamia. Rusia —el otro miembro de la Triple Entente— aceptó el plan a cambio de extender su hegemonía hacia Estambul y los estrechos del Bósforo y los Dardanelos.
Lo que reveló el Acuerdo cuando años más tarde se conoció fue el doble juego de franceses y británicos prometiendo soberanía sobre un mismo territorio a árabes y judíos con el visto bueno de Rusia. Lo que habían decidido Londres y París (a quien se le habilitaría la creación artificial de lo que es hoy el Líbano para tener salida al mar) era repartirse las tierras que el jerife Husayn reclamaba para el futuro reino de Arabia.
Muchos historiadores han denunciado por arbitrario aquel Acuerdo, que es el verdadero origen del conflicto en Oriente Medio. Un siglo después, la partida sigue abierta, aunque con otros jugadores, pero en el mismo tablero. EEUU e Israel, ya constituido como Estado, han sustituido a Gran Bretaña y Francia, mientras que el papel de Rusia, de alguna manera, lo ocupa hoy China, siempre vigilante pero sin implicarse directamente en ningún conflicto bélico. Sus intereses son a largo plazo.
El Acuerdo Sykes-Picot fue declarado secreto y contemplaba que París y Londres, traicionando a los árabes, se repartirían Oriente Medio
Muy al contrario que el Acuerdo Sykes-Picot, y también por la misma época, la Declaración Balfour sí fue transparente. Se publicó unos meses más tarde que el Acuerdo en la prensa de Londres mediante una comunicación enviada a Lord Rothschild, testaferro de la comunidad judía británica, por parte del ministro de Exteriores británico, Arthur Balfour. En esa comunicación, Reino Unido se comprometía a establecer un hogar nacional para el pueblo judío en Palestina.
Métodos menos sutiles
Ambos documentos, la Declaración Balfour y el Acuerdo Sykes-Picot, significaron, a la larga, la más dramática reconfiguración de la región. Lo mismo que ahora, aunque en esta ocasión con métodos menos sutiles, pero igualmente reprobables porque lo que se busca —como ha sucedido en Gaza— es la paz de los cementerios. Hoy, de hecho, el mundo asiste impávido ante un conflicto directo entre........
