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"Si EEUU ataca a Irán, que Dios nos ayude"

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22.03.2026

El negocio del petróleo, en sus orígenes, se alimentó de apellidos notables. En aquel tiempo, poseer lo que algún día se llamó oro negro, un término ya en desuso, era lo mismo que decir opulencia. Los Rockefeller, a través de la legendaria Standard Oil, los Rothschild, que extrajeron crudo de los ricos campos de Bakú (Azerbaiyán) o los Carnegie, cuyo patriarca, Andrew, construyó una imponente red de torres de perforación, fueron los magnates de la época. También los Nobel. Ludvig, hermano mayor de Alfred, el hombre que patentó la dinamita, fue quien impulsó la incipiente industria petrolera rusa. Eran los tiempos en que Bakú, a orillas del Caspio, producía más del 50% del petróleo que se consumía en el mundo. Los Nobel y los Rothschild, previamente, se habían hermanado en Batum (Rusia), durante mucho tiempo el principal puerto petrolero con salida al Mar Negro. El petróleo era cosa de unos pocos y quien lo controlaba manejaba el poder.

Lo verdaderamente notable, sin embargo, es que, más de un siglo después del enriquecimiento de aquellas sagas familiares, el verdadero gotha de la aristocracia financiera de la época, el petróleo continúa trayendo de cabeza a todos. A consumidores y a productores. A países ricos y a países pobres. A gobiernos de derecha y a gobiernos de izquierda. Todos han sucumbido en alguna ocasión por el petróleo. Unas veces por escasez y otras por problemas en el suministro. En ocasiones, por el precio y, a menudo, como ahora, por haberlo convertido en un arma de guerra. El petróleo ha sobrevivido a todas las revoluciones tecnológicas de los últimos 150 años. Pocas materias primas han tenido a lo largo de la historia la misma capacidad de resistencia a los cambios tecnológicos.

También en el siglo XXI. Se puede decir, de hecho, que el mayor enemigo de Trump y Netanyahu no es lo que pasa en la guerra, sino el viejo y grasiento petróleo que a menudo enriquece y, a veces, empobrece a los países atrapados por la corrupción. Es verdad que el crudo, antes y después de refinar, es menos sofisticado que la inteligencia artificial y que la digitalización, pero más eficaz que cualquier otra tecnología para competir contra los misiles. Como alguien ha escrito, el petróleo demuestra que el siglo XX, con sus guerras por el petróleo, está durando más de cien años. El petróleo, como en el cuento de Monterroso y su célebre dinosaurio, sigue ahí. Inasequible al desaliento.

El mundo sigue siendo adicto al petróleo pese a la irrupción de las energías alternativas. Se bebe cada día 16.220 millones de litros

El crudo sigue marcando el rumbo de la economía del planeta. Ni la revolución digital ni los potentes semiconductores, con su infinita capacidad disruptiva, tienen hoy, desde luego en el corto plazo, la capacidad destructiva del petróleo para los bolsillos familiares. El mundo sigue siendo adicto al petróleo pese a la irrupción de las energías alternativas. Una cifra lo pone negro sobre blanco, nunca mejor dicho al tratarse de petróleo. El planeta consume cada día algo más de 102 millones de barriles de crudo (159 libros cada uno de ellos). O lo que es lo mismo, el mundo bebe cada 24 horas casi 16.220 millones de litros de petróleo. Sin contar lo que engulle de otros hidrocarburos como el gas o sus diferentes destilados.

Lo ha puesto por escrito la Agencia Internacional con crudeza: “La guerra en Oriente Medio está provocando la mayor interrupción del suministro en la historia del mercado petrolero mundial”. Son palabras mayores. Es más, apunta el organismo que vigila el comportamiento de los mercados energéticos, la crisis de suministro que ha impulsado el alza de precios es estructural. ¿La causa? La crisis está concentrada geográficamente en una región clave, lo que hace que sea “más difícil de resolver que cualquier otra crisis que el mercado haya enfrentado en años”. Es verdad que el petróleo es menos influyente que en los 70 y 80, pero mantiene hoy una enorme capacidad de desestabilización.

La consultora Rystad Energy pone las cifras. El mercado, sostiene, no ha entrado en pánico de forma irracional, sino que refleja una realidad específica y cuantificable: de los 19,8 millones de barriles diarios (bpd) que producen actualmente los cuatro países miembros de la OPEP involucrados en el conflicto (Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Irak y Kuwait), únicamente entre cinco y seis millones de barriles pueden salir al mercado sin transitar por el estrecho de Ormuz, que........

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