Las teorías de la Iglesia Profunda y los planes MAGA para el catolicismo
La Casa Blanca ataca a la Iglesia católica y la prensa americana resucita la imagen del "papado de Aviñón" —sometido a la voluntad del poder político— en referencia a lo que hizo la corona francesa en la Baja Edad Media. No era necesario remontarse al siglo XIV para encontrar una analogía. Bastaba con desplazarse a China, donde el Vaticano mantiene un acuerdo, firmado en 2018 y ratificado en 2024, que reconoce la autoridad de los obispos escogidos y tutelados por el Partido Comunista Chino.
Se estima que en el gigante asiático hay entre 10 y 12 millones de católicos, menos de un uno por ciento de la población, pero el régimen no se fía de ninguna autoridad moral o espiritual que escape a su control, mucho menos desde lo sucedido con Falun Gong. Así que, durante años, han coexistido en el país una "Iglesia clandestina" y una "Iglesia patriótica". La primera, respaldada tradicionalmente por el Vaticano y perseguida por el régimen; la segunda, controlada por el régimen, pero sin reconocimiento vaticano.
Ambas tienden a converger desde que se selló el pacto impulsado por el papa Francisco y su secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, con la oposición de figuras como el anciano cardenal Joseph Zen, el histórico prelado de Hong Kong. Aunque muchos detalles son secretos, el acuerdo consiste en que la jerarquía eclesiástica se tutela desde el poder político. El partido decide, por ejemplo, el nombramiento de obispos. El papa, a cambio, obtiene derecho a veto. León XIV ha mantenido el trato, aprobando el nombramiento de un par de obispos en los últimos meses y aceptando cambios en las demarcaciones de las diócesis para adaptar la estructura de la Iglesia a la geografía administrativa del Estado.
Sucede que las relaciones con el........
