No habrá fraude, el domingo ¡a votar!
No habrá fraude, el domingo ¡a votar!
Juan Pablo Ortega Sterling
En la antesala de las elecciones de este domingo 8 de marzo, en las que elegiremos Senado y Cámara, y participaremos en consultas presidenciales de cara a la primera vuelta de mayo, vuelve a escucharse un runrún conocido: el fraude.
Lo dicen sectores del oficialismo y lo insinúan también voceros de la oposición más radical.
Ambos extremos, con discursos altisonantes y épicos, parecen estar preparando el terreno por si los resultados no les favorecen.
No es una denuncia sustentada en pruebas; es una narrativa preventiva para amortiguar una posible derrota.
Las posiciones ideológicas extremas, por definición, viven de la movilización emocional.
Una derrota electoral, cuando se ha prometido la refundación del país o su salvación definitiva, no es solo un revés político: es un golpe simbólico. Por eso anticipan escenarios de ilegitimidad. Así, si pierden, no habrán perdido realmente; habrán sido víctimas.
El problema es que ese cálculo táctico tiene un costo enorme: deteriora la confianza pública en el sistema electoral, erosiona la legitimidad de las instituciones y envenena el clima democrático.
Conviene entonces explicar con serenidad cómo funciona el proceso electoral colombiano.
No se trata de un algoritmo oscuro ni de una decisión concentrada en una sola autoridad. Se trata de un sistema descentralizado, manual en su base y con múltiples capas de control.
Para estas elecciones fueron designados más de 860.000 jurados de votación en todo el país. Son ciudadanos sorteados al azar que cumplen una........
