El Mito del «Outsider»
La palabra outsider se ha revestido de un aura de heroísmo. Se define como, al margen de las normas de un grupo; alguien que «viene de fuera». Para la gestión pública está demostrado ser un experimento de alto riesgo, al ser la inexperiencia un defecto y no una virtud en la politica. Para entender mejor al outsider político, miremos la lógica de la supervivencia. Si usted se encontrara ante una intervención quirúrgica, ¿a quién elegiría? Sin duda a alguien que practique la cirugía y conozca la anatomía humana. Nadie en su sano juicio, escoge una persona ajena a la medicina. En la política algunos creen que lo mejor para dirigir un país es alguien que desconoce el funcionamiento del Estado. Como si la falta de experiencia fuera una garantía de transparencia, cuando en realidad, la ignorancia técnica es, la antesala del caos administrativo y corrupcion. La gestión pública no es un escenario para experimentar o de ensayo y error. Dirigir una nación implica comprender el manejo del presupuesto público, la diplomacia internacional y la complejidad de las políticas sociales. Un outsider que llega a «aprender» no solo pierde tiempo valioso, sino que suele quedar a merced de tecnócratas en la sombra o de los mismos vicios que prometió combatir, simplemente por no saber cómo funciona la gestion publica. Lo que las democracias modernas necesitan no es gente ajena al sector, sino políticos de oficio con principios y valores. La solución a la corrupción no es la eliminación de la experiencia, sino la exigencia de prácticas transparentes. No se trata de elegir el «político tradicional corrupto». La verdadera urgencia del país demanda perfiles que combinen dos ejes fundamentales: Conocimiento profundo del sector publico y, transparencia con valores que actúen como filtro ante las tentaciones del poder. En momentos tan delicados como los actuales, donde la estabilidad económica y social pende de un hilo, el país no puede permitirse el lujo de ser la escuela de nadie. La política, al igual que la cirugía, requiere de manos expertas. El verdadero cambio no viene de quien desconoce el sistema, sino de quien, conociéndolo a fondo, tiene el carácter y la integridad para reformarlo desde adentro sin destruirlo en el proceso.
