Una visita no puede convertirse en una sentencia de muerte
Hay hechos que, cuando se repiten, dejan de ser únicamente tragedias aisladas y obligan a preguntarse qué está fallando. En mayo de 2023, Merly Andrea Rengifo ingresó a la cárcel de máxima seguridad de Cómbita, en Boyacá, para visitar a Efraín Sarmiento, un hombre que cumplía una condena de 34 años y ocho meses por feminicidio. La visita terminó de la peor manera: la mujer fue asesinada dentro de una celda.
Pero la historia se repitió, hace un par de días, otra mujer murió violentamente mientras visitaba a un interno, esta vez en el pabellón 13 de la cárcel La Modelo de Bogotá. Dos cárceles, dos mujeres visitantes y una inquietante coincidencia: ambas entraron a un establecimiento bajo custodia del Estado y no salieron con vida.
El caso de Cómbita debió encender todas las alarmas. No solamente porque una mujer fue asesinada dentro de una prisión, sino porque el hombre al que visitaba estaba condenado precisamente por feminicidio. Resultaba inevitable preguntarse entonces cuáles eran los protocolos para una visita de estas características, cómo había llegado un arma blanca hasta una celda y qué posibilidades........
