Después de las urnas, queda Colombia
Colombia volvió a mirarse en el espejo de las urnas y el reflejo no fue cómodo, la segunda vuelta presidencial dejó un ganador, un derrotado y una certeza más profunda; seguimos siendo un país herido, desconfiado, emocionalmente agotado y políticamente fragmentado. Las cifras pueden cerrar una elección, pero no cierran las fracturas de una sociedad que lleva años votando más desde el miedo que desde la esperanza.
Como cirujano, sé que no basta con identificar una herida, hay que explorarla, limpiarla, controlar el sangrado y, sobre todo, evitar que se infecte. Colombia tiene hoy una herida democrática abierta, no porque votar sea una enfermedad, sino porque hemos convertido la diferencia política en una forma de enemistad. Cada elección parece una cirugía de urgencia, todos gritan, pocos escuchan, muchos opinan sin diagnóstico y casi nadie quiere asumir el posoperatorio.
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