"El estrecho de Ormuz está cerrado y el mundo entero está al borde de una crisis económica sin precedentes"
El mundo está en vilo pendiente del estrecho de Ormuz, de las posibles negociaciones de Estados Unidos con Irán y de la duración de la guerra. El aparato de propaganda de la Casa Blanca se emplea a fondo con su arma más peligrosa: el presidente y su lógica populista. En frente tiene un enemigo muy terco: los hechos. De acuerdo con Trump, la guerra contra Irán está ganada desde el primer día, pero ha pasado un mes y ni Estados Unidos ni Israel tienen el control de la situación, mientras las cosas se complican sobre el terreno. Los bombardeos han conseguido matar al ayatolá Ali Jamenei y a la cúpula del régimen, destrozar instalaciones militares y objetivos estratégicos además de numerosas viviendas, pero los petroleros sólo se atreven a pasar por el estrecho de Ormuz con la protección de Irán, y no con la de Estados Unidos, que no puede garantizar su seguridad. Ahora, a la guerra se acaban de sumar los hutíes de Yemen, aliados de Irán, que pueden bloquear el mar Rojo. El secretario de Defensa Pete Hegseth aseguró la semana pasada que la capacidad de lanzamiento y producción de misiles de Teherán había sido eliminada en más de un 90%. Sin embargo, los proyectiles iraníes llegan cada vez con más precisión a Israel, Catar, los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Kuwait. La cúpula de hierro, el impenetrable sistema antimisiles israelí, parece estar agotándose y algunas instalaciones americanas en países árabes aliados han tenido que ser desalojadas, porque los iraníes tienen la localización exacta de esos objetivos gracias a la ayuda de sus aliados rusos.
Quien no tiene mucho éxito con sus aliados es Trump. Una vez en marcha la guerra y desatada la alarma económica mundial, pidió a los aliados de la OTAN que ayudaran para la apertura del estrecho de Ormuz y nadie acudió. Entonces dijo que en realidad no les necesitaba, porque se valía solo y se dedicó a insultarles. El hecho es que, con todo su poderío militar, de momento no ha podido controlar ese punto estratégico del planeta. El presidente de Estados Unidos estuvo presumiendo de la poderosa “armada” que había enviado a la región con el portaviones Abraham Lincoln en el mar de Arabia y el Gerald Ford, el más grande del mundo, que estaba frente a Venezuela y navegó en febrero hasta el Mediterráneo para pasar por el canal de Suez al mar Rojo. Pero la semana pasada se tuvo que retirar después de sufrir un incendio que tardó más de un día ser sofocado y causó 200 heridos. Ahora, la macro nave, con sus misiles, sus 75 aviones y sus 4.500 personas que lleva a bordo, está buscando refugio en el Mediterráneo para hacer reparaciones. Atracó en Creta, pero tuvo que marcharse debido a las protestas. Ahora lo intenta en Croacia.
La mayoría de los estadounidenses están contra la guerra en la que ya han muerto 13 soldados de ese país. Trump intenta calmar a la opinión pública asegurando que acabará muy pronto, pero de nuevo las palabras no concuerdan con los hechos: El Pentágono está enviando ahora fuerzas para lanzar operaciones por tierra. Serán en total unos 17.000 efectivos, entre paracaidistas, soldados y marines. Pero la mayor parte de estos últimos están cruzando el océano en sus buques y no llegarán a la zona de combate hasta mediados de abril. Sobre su objetivo, se está diciendo de todo: desde la invasión de la estratégica isla de Kharg, hasta la misión imposible que ha propuesto en público el secretario de Estado Marco Rubio: entrar en las centrales nucleares de Irán para coger el uranio enriquecido de los Ayatolás y sacarlo del país con el fin de que no tengan ya la posibilidad de desarrollar su bomba nuclear. Para salir de la guerra en la que él mismo se ha metido, Trump necesita una victoria y de momento no la tiene: Irán no solo resiste, sino que contesta a los ataques. Fuera de Israel, que le ha utilizado para hacer la guerra por su cuenta y ocupar territorios de Líbano y Cisjordania, ya no le quedan aliados. Debido a sus decisiones, el estrecho de Ormuz está cerrado y los ciudadanos de todo el mundo lo están sufriendo en sus bolsillos.
