"La cortina corre, el ataúd entra en la sala de incineración y el pecho se contrae. En el crematorio de Pamplona las mañanas son una sucesión de afectos"
El mecanismo es biológico: un cortocircuito. La cortina corre, el ataúd entra en la sala de incineración y el pecho se contrae. Minutos después, se expande en una conversación animada. En el crematorio de Pamplona las mañanas son una sucesión de afectos. Grupos apretados por respeto o por esa urgencia mansa de estar presentes. Un cura que repite fórmulas. Un pariente con un folio que vibra en las manos. Un éxito musical que alguien baila como último homenaje.
Todo ocurre ahí: en la frontera donde el luto choca contra la imperiosa necesidad de........
