La Guaira, un pecado de omisión | Por: David Uzcátegui
Los terremotos no avisan. La ciencia, muchas veces, sí.
Eso fue precisamente lo que ocurrió con Caracas y La Guaira. Veintiún años antes de que un doble sismo volviera a esparcir muerte y destrucción en la región, un grupo de algunos de los mejores especialistas en prevención de desastres del mundo había entregado al Estado venezolano un diagnóstico detallado de los riesgos que enfrentaba la zona y, lo más importante, un plan para reducir el impacto de una eventual catástrofe.
La advertencia llegó. El conocimiento existía. Las soluciones también. Lo que faltó fue la voluntad política para convertir ese estudio en acciones concretas.
El origen de esa investigación fue el deslave de diciembre de 1999, una de las mayores tragedias naturales de la historia contemporánea de Venezuela. Miles de personas murieron o desaparecieron cuando enormes masas de tierra descendieron desde el Ávila tras semanas de aguaceros, arrasando comunidades enteras. Aquel desastre dejó una lección evidente: el país necesitaba comprender mejor sus vulnerabilidades y prepararse para futuros eventos.
Con ese propósito, el gobierno venezolano solicitó la cooperación de Japón, un país que ha construido una de las culturas de prevención de desastres más avanzadas del planeta. A........
