Control social
Creado: 26.02.2026 | 06:00
Actualizado: 26.02.2026 | 06:00
Una de nuestras principales preocupaciones es sentirnos controlados. Si en algo existe prácticamente unanimidad entre nuestras mentes divergentes por naturaleza es en esta cuestión. Da igual a quién le preguntemos, no importa nuestro origen, raza, religión o ideología, todos diremos que no queremos que nos digan lo que tenemos que hacer.
A fin de cuentas de eso trata el control social, de decirnos lo que tenemos que hacer y en caso de no hacerlo sufriremos las consecuencias que no suelen ser muy agradables. El ser humano aspira a tomar sus propias decisiones sin restricciones pero, la evidencia y la experiencia nos demuestran que esto no deja de ser una utopía. Nuestra vida está llena de condiciones y de condicionales, de futuribles que podrán ser, o no. Nuestra naturaleza de mamíferos nos condiciona a someternos al imperativo de vivir en comunidad y esto nos limita y somete. La ley rige nuestras vidas, es condición innegociable si queremos vivir en sociedad, nos guste, o no, no podemos elegir. El asunto se complica en el momento en el que la ley, arquitecto de la organización social, llega al extremo de convertir a la ciudadanía en una mera entidad común carente de individualismo. Sin individualismo no existe la iniciativa privada ni el pensamiento crítico. Estamos muy preocupados por los derroteros por los que discurren las sociedades actuales. Una niebla a modo de la protagonista de la novela del mismo nombre de Stephen King nos embarga. Todo el mundo la ve, la teme de forma intuitiva hasta que se materializan los macabros sucesos que constituyen su argumento. Existe una expansión del desaliento, incertidumbre y por lo tanto, de desorientación sobre lo que está pasando y qué ocurrirá en el futuro inmediato. Podríamos sin duda ser cualquiera de los protagonistas de la novela citada. Ya veremos si al final de todo esto resulta algo positivo. ¿Es necesario el control social? ¿Es necesario limitar nuestra capacidad de decisión y acción? Sin control social la convivencia resultaría imposible. Soy consciente de la polémica que suscita esta cuestión pero, debemos ser sinceros. Sin control social es imposible la organización social. Nuestra vida, nuestras relaciones, nuestro pensamiento, están llenos de cesiones al control social. Somos seres con un ADN que tiene grabado a fuego la libertad y una mente que nos la constriñe en aras de nuestra supervivencia. Una gran contradicción que nos perturba. Ray Bradbury escribió mucho sobre el futuro de la humanidad. Quizás su novela más conocida sea
Fahrenheit 451. Obra distópica, en la línea de pensamiento de este escritor, describe como los libros están prohibidos en una sociedad futurista en la que los bomberos se dedica a quemar todo libro que encuentran. ¿Por qué quemar los libros? Porque así se evita el pensamiento individual, el juicio crítico y en consecuencia molestar a los demás. La acción de pensar, crear, razonar se sustituye por una inflación de información suministrada a los ciudadanos buscando el ideal hedonista de la felicidad sin conflictos individuales y colectivos. Si no pienso y la información basada en el divertimento y simpleza me la suministra el poder establecido, hay paz social. La paz de los cementerios. Bradbury con este argumentario vaticinó algo de nuestra realidad. Esa niebla a la que antes aludía está configurada por una sobredosis de información que abotarga, como diría un castizo. Los medios de comunicación están llenos de programas diseñados para entretener y digerimos contenidos sin sentido y sin necesidad de pensar. El control social actual dista mucho del ejercido por las dictaduras del siglo pasado. Es más sutil, como la niebla, penetrante, frío, nos hace temblar sin herirnos. Anula nuestra capacidad de reflexión, nuestra individualidad que requiere esfuerzo, iniciativa.
