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Susan olvidó su goya

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29.03.2026

29 de marzo 2026 - 03:08

Vine a saber por casualidad, aunque de buena tinta, que Susan Sarandon se dejó olvidada la estatuilla de su premio Goya en la habitación del hotel donde se alojó en Barcelona la noche de la gala del cine español. El objeto es una cabeza más que un busto, y aunque el inmenso pintor pasa por haber sido cabezota, y no necesariamente por ser maño o sordo, no se sabe bien cuán cabezón era. Cuando el Estado español consiguió exhumar sus restos en Burdeos para traérselos a su país (¿por qué hacemos los humanos cosas tan morbosas?), resultó que su canina u osamenta estaba incompleta: allí no había cráneo, luego no hay prueba de la talla de su sombrero. Asunto, por lo demás, trivial comparado con la genialidad inconmensurable que albergó en vida lo que acabó siendo calavera.

La actriz estadounidense se la dejó atrás, quién sabe si porque los objetos honoríficos de periferia le importan un pimiento, y aun más si porque lo que le premiaron con el bronce de don Francisco fue en reconocimiento de su dilatada carrera y su histórico compromiso social. Detalles que, a qué negarlo, cantan la inexorable cuenta creciente llamada edad, y ella pasa mucho de ser ni parecer vieja, que algo se intuye en su rostro y su busto, ambos tres de notoria carne viva y reviva. Quién sabe; quizá ni la estupenda intérprete sepa que olvidó su Goya, porque se acostó tarde y se levantó dispersa de ánimo y atención. Ella tiene tan altos méritos y tantas horas de vuelo que, diría uno en lenguaje jienense, no está para goyas. O sea, hace y dice lo que le viene en gana, de forma que su homenaje a nuestro presidente del Gobierno, allí de cuerpo gentil y presente, se basó en asuntos tan fundamentales y heteromatriarcales como que Pedro es “alto y guapo”. No seré yo quien diga que eso es de machirula: que cada cual diga sin ofender lo que le salga de su cabeza y de su pecho. Incluso que otorgue a Sánchez, como hizo, un lugar en el “lado correcto de la historia”. Ole su goya.

Qué más da que se le olvidara el glorioso trasto o que pasara tres kilos de la estatuilla (que eso pesa, por cierto). No sé si Ryanair vuela de Madrid a Estados Unidos, pero el sobrepeso te puede suponer unas decenas extra de pavos en dólar o euro. Y, como el misterio del cráneo decapitado de Goya, no está probado que una estrella millonaria no sea miradita con el dinero.

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