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El crimen de Benimussa y el teléfono roto

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01.04.2026

Hace 37 años, se cometió en Ibiza un crimen brutal que, de vez en cuando, alguien ‘redescubre’ y vuelve a ocupar espacio en los medios. Algo que, en principio, es fantástico porque es un asesinato múltiple con unas implicaciones que valdría la pena que la isla no olvidara jamás, pero, claro, junto al redescubrimiento se alientan conspiranoias y se copia información alegremente, sin comprobarla y sin citar fuentes, de modo que, al final, como en el juego del teléfono roto, se acaban publicando sandeces al mismo tiempo que se acaba incumpliendo cualquier norma básica de la ética periodística. Para resumirlo mucho, en agosto de 1989, los alemanes Richard Schmitz, Beate Werner y sus dos hijas fueron torturados y asesinados en una casa en Benimussa. Sus cuerpos fueron enterrados bajo hormigón en unas obras. Es un caso sin condena, pero con sospechosos y con varias líneas de investigación muy interesantes.

Pues bien, recientemente, en el programa Cuarto Milenio han hablado de este crimen y buena parte de la información se extraía del libro ‘El hombre de paja. El crimen de Benimussa’, Iker Jiménez tuvo la deferencia de citar la fuente (de hecho, no es la primera vez que lo cita). Sin embargo, en el programa se conectaron con el crimen unas huellas de manos que, a modo de ritual, supuestamente aparecen cada año en una capilla que ninguna relación guarda con el crimen más allá de estar en la misma zona de la isla. Es totalmente falso que haya un ritual anual en el que la capilla se llene de huellas de manos simulando ser sangre. ¿Sabéis de dónde sale el bulo? Pues vais a flipar, porque procede de un reportaje que El Mundo realizó cuando se publicó el libro. El redactor metió en el mismo texto, pero algo aparte, que habían aparecido esas manchas en la capilla de la zona justo el mes que se editaba el libro y se cumplían 25 años del asesinato y lo conectó con la sugerente pero nada concluyente frase de «tenga relación o no con los crímenes, es la primera vez que este pequeño oratorio recibe un ataque de estas características». Total, ni ritual ni nada.

Y otra cuestión. En Cuarto Milenio y las informaciones derivadas, el cuádruple crimen se conecta, como si ello reforzara un gran misterio, al asesinato del comandante Isidoro Turrión en el año 2003. Turrión fue asesinado en la comandancia de Albacete por un teniente coronel destituido. Es un caso resuelto que nada tiene que ver con el crimen de Benimussa. La cuestión es que el libro se iniciaba con un capítulo dedicado a la memoria de Isidoro Turrión, que fue quien investigó el crimen de Benimussa y cuyas declaraciones —todas las cintas y apuntes que yo guardaba de mis conversaciones con él– fueron determinantes para que ‘El hombre de paja’ fuera posible. Es decir, no hay misterio que conecte el crimen de Benimussa en 1989 con el asesinato de Isidoro Turrión en 2003 y que yo iniciara un capítulo hablando del caso del comandante (para mí, siempre el teniente Turrión) no debería llevar a sugerir esas extrañas conexiones.

Creo que la información veraz es importante. Sobre todo, en periodismo e incluso en los detalles. Y lo que sí debe quedar muy claro del crimen de Benimussa es que fue la demostración de que la deriva turística hacia un sector del ocio sin control ninguno (y sin moral alguna) nos puso en el punto de mira de las más grandes —y sanguinarias— mafias del narcotráfico del mundo. Eso sigue siendo así. Y este análisis, por cierto, también es del libro.

El periodismo no debe alentar teorías conspirativas, sino desmontarlas. Sé perfectamente que eso da más trabajo que copiar. Tampoco debe ocultar las verdaderas fuentes de la información, ni por manías personales ni por negligencia, porque este artículo se titula ‘El crimen de Benimussa y el teléfono roto’, pero también podría titularse ‘El crimen de Benimussa y el mal periodismo’.

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