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El jediondo

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saturday

Dejar que los perros hagan sus necesidades en la vía pública sin recoger los excrementos ni limpiar las meadas produce graves problemas de salubridad, convivencia y deterioro del espacio urbano. Y conviene aclararlo desde el principio: el perro no tiene culpa de nada. El perro mea, caga, golisnea y sigue su camino porque, hasta donde sabemos, todavía no lleva bolsitas en el bolsillo ni una garrafa de agua debajo del sobaco. El problema camina detrás, agarrado a la correa: ese dueño al que su animal le planta un moñigo en mitad de la acera y contempla la obra con el mismo romanticismo que otros miran una puesta de sol.

Las consecuencias de estas omisiones para la salud pública pueden ser muy graves. Las heces contienen parásitos y bacterias como la salmonella, el E. coli y los huevos de lombrices. Pueden contagiar a humanos y a otros animales. Es decir, que aquella cagada que el dueño abandona en la acera no es solamente una guarrada: puede ser........

© Diario de Avisos