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Cárcel de amor

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10.10.2026

Joseph Breckon era un luchador. Su bravura se expandía por todos los confines del imperio. No cabía en él atisbo alguno de debilidad, más bien lo contrario: la contundencia. Y por ello la reina lo reclamó y lo convirtió en su servidor, en la corte y en la contienda. Por semejante designio de lo privado, la conoció. El sultán de la dicha en ese reino se lo desveló: “Es mujer y lo que registra tu ánimo se llama amor”. Ese día el divino dibujó en su mente al ser que lo perseguía. La hermosura no lo confundió sino que lo convenció. Y desde esa fecha su cuerpo, su espíritu, su ánimo y su vigor se movieron solo a expensas de un factor, el único factor: la........

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