Conviene saber por dónde sopla el viento
En qué monstruo de país vamos camino de convertirnos si los periodistas no podrán pisar la calle según qué bando se adueñe de ella? Decía Manuel Fraga, ministro de la Gobernación, en el Gobierno de Arias Navarro, “la calle es mía”, y Agustín Millares Sall le respondía: “La calle que tú me das/ no será tuya ni mía,/calle de todos será”.
¿De qué metamorfosis estamos hablando? A pocos meses de las urnas, las elecciones las carga el diablo. El asunto Ceuta -dicen los poetas sufíes, “esto también pasará”- nos conmociona. Pero no solo, no tanto por la avalancha de 70.000 migrantes a finales de julio, como por las lecciones que extraemos al calor de esta atmósfera.
Feijóo, una mala imitación de Fraga, saca pecho con la paranoia de un complot entre Mohamed y Sánchez. Ayer, en un hotel de lujo de Madrid, como en un festín, reiteró esa neura de que el plan era la invasión, seguida de las cesiones de Sánchez, y dicta sentencias -condenatorias- sintiéndose juez y parte. A su lado, sumiso, Vivas repite las consignas del jefe: Ceuta es una “olla a presión”, pero él no aporta ni el puerto ni los polideportivos, y acata la orden de Génova, aunque sea ilegal: la solución es echarlos a todos, y ni uno a las autonomías, que eso molesta a Vox. ¡Por mis........
