Soltar es también acompañar el vuelo
En estos días tan familiares he tomado conciencia de cómo la vida nos prepara, poco a poco y casi en silencio, para que nuestros hijos sigan su propio camino. No lo hace de golpe ni con grandes señales; ocurre mientras la vida avanza, entre rutinas compartidas, conversaciones cada vez más breves y gestos que dejan de ser necesarios. No hay un día señalado ni una despedida clara. Simplemente ocurre: un gesto que ya no necesitan, una opinión que ya no piden, una costumbre que se diluye sin drama. Es entonces cuando entiendes que algo ha cambiado, no porque falte amor, sino porque una etapa ha cumplido su función. Ese cambio no irrumpe ni se anuncia; avanza despacio, casi........
