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El teatro de la optimización, ¿y cuánta verdad toleramos?

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03.08.2026

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Cada ciclo de admisión a la UNAM se repite el mismo ritual. 

Miles de aspirantes, algunos convencidos de que el mérito no alcanza, buscan la manera de que el resultado coincida con lo que necesitan y no con lo que saben, dicho de una manera elegante y exculpadora.  

Pero lo ocurrido hoy en la UNAM es solo la punta de un iceberg que tiene siglos amenazándonos: nuestro desprecio por la verdad y lo correcto.

No es un escándalo nuevo ni exclusivo de un examen. 

Es la misma faena diaria de todos los políticos, con presupuesto y equipo de comunicación de por medio: 

Lograr que el dato, el relato y la narrativa coincidan y suenen a verdad, aunque esa coincidencia no exista en ningún lado más que en el boletín de prensa. 

La diferencia entre el aspirante y el político es de escala, no de naturaleza. 

Uno trafica con un examen. El otro trafica con la realidad de un  país. 

Los dos entienden exactamente lo mismo: 

Que la verdad es negociable si el precio personal a pagar por decirla sale más caro que el de simularla.

Y aquí es donde el asunto deja de ser un problema de exámenes o de discursos y se convierte en un problema ético y técnico. 

Porque todo ese hábito y casi cultura de maquillar el dato para que le quede bien al relato no se queda en la conciencia de quién miente. 

Se queda registrado, se convierte en base de datos, en historial, en bitácora de comportamiento. 

Y esa es, precisamente, la materia prima con la que alimentamos a los algoritmos, cuando entrenamos un modelo con los subproductos de nuestra propia mascarada, no obtenemos inteligencia artificial. 

Obtenemos el espejo automatizado de nuestros propios autoengaños, con la ventaja adicional de que ahora opera a escala industrial y con la autoridad prestada de la matemática.

Dentro de las organizaciones el fenómeno tiene nombre y se repite con  puntualidad y rigor, el teatro de la optimización, el indicador deja de servir para medir la realidad y empieza a servir para medir qué tan bien sabe uno actuar frente al indicador. 

No se corrige el problema, se corrige el número que delata el problema. 

Y cuando el........

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